DEPORTES

Miércoles 4 de Enero de 2012

 
Los constructores

 Desde hace varios años veo el fútbol por televisión. No es la mejor experiencia, pues la TV sirve más para espectáculos de pocos protagonistas en pequeños espacios antes que los de muchos actores en grandes canchas. El boxeo, muy técnico y detallístico, tiene una vitrina magnífica en la caja luminosa, lo mismo que el patinaje artístico o la gimnasia en casi todas sus especialidades. El fútbol es distinto, porque en él juegan aún los que están lejos de la pelota y es importante saber qué hacen aquellos que no están disputándola, los que no caben en la pantalla. Casi no veo programas especializados, aunque hace unos días disfruté una entrevista que le hizo Pablo Flamm, un entrevistador solvente, a Arturo Salah.

Posiblemente no reventaron el rating del CDF, pero la revisión de las experiencias del técnico, sus reflexiones, conclusiones y conceptos son del más alto valor para el aficionado con sentido crítico.

Salah es de los técnicos que dejan huella. Paso a paso, año a año, campaña tras campaña. A los entrenadores de fútbol los hemos dividido entre los intuitivos (Nelson Acosta), los académicos o intelectuales (Arturo Salah, Manuel Pellegrini y demás herederos de Fernando Riera) y los cabrones (Bilardo y los de su escuela). Todos aportan, incluso los últimos (aunque más no sea para recordarnos que el diablo existe). Los hay quienes hacen su aporte en forma explosiva y otros en silencio, un silencio educativo.

El estruendo, la quema de etapas, el rompimiento de moldes, ha tenido distinguidos exponentes, empezando por el mismo Riera, que obligó a dividir la historia entre "Antes y después de Riera", al cabo de cuatro años de enorme cambio. El húngaro Francisco Platko fue otro, con la campaña de Colo Colo en 1941, como Mirko Jozic, exactamente 50 años más tarde. Marcelo Bielsa, en cuatro años tan electrizantes como los de Riera. Y ahora Jorge Sampaoli, en una sola temporada llena de laureles y récords con la U, que ojalá desate vientos sampaólicos en las bancas nacionales.

Pero entre ellos hubo heroicos constructores del desarrollo. Luis Tirado dirigió selecciones durante una década entre los 40 y los 50, en una época en que la banca no tenía peso alguno. Y él se impuso, a pesar de tanta desconsideración. Lo mismo Luis Álamos, creador del Ballet Azul y siempre listo para salir al frente en momentos de crisis para dirigir al seleccionado. Frenó el desastre y llevó a Chile al Mundial de 1966 y luego al de 1974, también en circunstancias muy complejas.

Entre estos constructores del desarrollo está Arturo Salah. Sin sus triunfales campañas de los 80, Jozic no habría podido producir ese Colo Colo de 1991. Si el croata tuvo problemas para desarrollar su proyecto, imagínese los que habría tenido sin la profesionalización iniciada por Salah. Y lo mismo puede decirse de la Selección. Formó cuadros de gran lucimiento para la Copa América del 91 y fue el mejor de la primera etapa en la de 1993, aunque no pasó de ahí.

Hay más de un proceso trunco en la carrera de Salah. En el mismo Colo Colo y en su discutible salida de la Roja el 93. Ahora Huachipato. Pero ha enseñado mucho. Y él, debemos creer, también debe haber aprendido y sabrá aplicarlo ahora que llega a Wanderers, un club que ha sabido de más halagos como Panzers que como Ballet. Juntos, tal vez, podrían reencontrarse con los grandes triunfos.

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Edgardo Marín
Edgardo Marín
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales