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Tomás Segovia
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Poesía
Selección de poemas
Texto: Tomás Segovia
25 de noviembre de 2005
Retorno
Otra vez donde estuvo
El Nómada se sienta
Y mira los caminos
Gravemente domados por sus tiendas(Siempre viajó hacia ahora
Y nunca nada está más lejos
Que lo que queda atrás)Y entiende que no fue tan venenoso el mundo
Con el que contagió largamente su sangre
No quiso él ser inmune
Ni con tanto terror buscó su fiebre
De la que aún paladea una lenta dulzura(Y se vuelven vacíos a
mirarle
Sus otros ojos despiadados
Quemados por la sal y las arenas
Y ve que un viento piensa en ellos:
"Calla embaucador calla
Es la fiebre de ti
La que en él sueñas incurable").
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Fin de la jornada
Cae la tarde flotando en la tibieza
Como un gran trapo en unas aguas quietasEl mundo desvaría la fatiga
Hasta los niños saben que a esta hora
Nada ya que se haga o se diga o se piense
Dejará algún vestigio en ninguna memoria
Ni rastros en ninguna arenaLa gente vuelve a sus rediles
Con ecos en sus voces de esquilas melancólicas
y tribales balidosHay que juntarse y recogerse
Hay que soltarlo todo de las manosY dejar allá lejos y a oscuras las
tareas
Para que duerman solas
Con la vaga certeza conformista y leal
De que todo regresa con cada nuevo día
Sin ánimo bastante para que no nos baste
Siempre saber que volveremos
Aunque nunca por quéPero es que la fatiga misma
Que apaga las preguntas es también
Un modo que tenemos de saber en silencio
Que sólo quien no hubiera de regresar ya nunca
Preguntaría de verdad perdido
En la noche sin fuego ni esperanza.
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Arrroyo
En la prisa de su ímpetu tiránico
No oye nada el arroyo
Desde el foso sin bordes de su propio fragor
Desde aquí arriba
Se ve el tropel de espaldas líquidas
Sin cesar arrojándose
Con la monótona constancia
De un perpetuo desorden
Esta vehemencia se abalanza
Hacia un túnel del tiempo
Que no debiera tener término
El arroyo perpetuamente empieza
Por siempre su después es otra vez ahora
¡Ah sí! resiste
No te dejes salvar por mis palabras
No cedas uno solo de tus ansiosos rasgos
A la imagen de ti
En la que te amaré luego
Te juro que estoy mirándote
Fuera de este poema
Donde corro contigo
Abrazado a un impulso y ciego a toda meta
Queriendo que mi vida igual que tú
No sepa nunca dónde acaba el tiempo.
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En la oscuridad
Sofocada de amor, en la oscuridad, su cuerpo sin sosiego se agitaba en el lecho,
y suspiraba por el ausente, presa de un doloroso estupor.
Detrás de las delgadas tablas, sus quejas mantenían el desvelo
tenso de otro hombre.
Y ella lo sabía.
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Pechas
A veces, solo en la calma
de la alcoba, me estremece
la evocación. En la palma,
como entonces, me parece
sentir el trémulo peso
de tus pechos, que en el beso
me ofrecen, para que muerda,
todo el bulto de la vida.
¿Ves tú? La memoria olvida,
pero la carne se acuerda.
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Onírico
Despierto:
con su anzuelo imantado
me pesca el día
desde el fondo de las corrientes
perdidas
donde estaba viviendo
(había un bosque submarino
mecido por oscuras marejadas
en su rincón más sombrío
había una gruta
en la gruta
había una mujer
en la mujer
había una gruta
)
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Visitante
En el jardín
todas las hojas me hablan
y ninguna me conoce.(el aire pasa y pasa
entre nosotros.)Saqueadas por el viento
en el jardín, lloran las hojas
como yo lloraría
Y ninguna me conoce.
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