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Todos piensan que
América fue descubierta por Colón.
Pero este continente aún no ha sido descubierto en verdad:
guarda mil secretos. Como Los
Roques, un mundo aparte en la agitada Venezuela
y por cierto en el planeta. Igual que las maravillosas islas de
Bonaire
o Turcos y
Caicos, casi invisibles en cualquier mapa
del Caribe. O Porto
de Galinhas y Samaná,
playas aún poco conocidas dentro de la oferta de Brasil y
República Dominicana. Pocos saben que San
Francisco nunca se acaba a bordo de un tranvía.
Que Whistler,
en Canadá, es más que uno de los mejores sitios del
mundo para disfrutar de las montañas, y que algunos todavía
intentan explicar por
qué San Miguel de Allende, en México,
y Antigua
y Tikal, en Guatemala, atrapan a los que sólo
llegan por vacaciones. Tan cautivados como quienes recorren la imponente
belleza de Yellowstone,
y la salvaje
naturaleza de Península Osa en Costa Rica.
El Camino
de la Muerte, en Bolivia, es peligrosamente
irresistible. El mítico Amazonas tiene su lado amable y,
en Argentina, El
tren del fin del mundo parece sólo el inicio
de una gigantesca aventura. América es de contrastes, de
olores, de colores fuertes. Y a veces, sólo a veces, parece
quedarse quieta, aparentando que no hay nada nuevo bajo las estrellas.
Aunque ya sabemos que no es así.
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