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Revista de El Domingo

viernes 10 de febrero de 2012

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Socoroma, un atractivo desvío cerca de Putre.

Un bofedal y sus "clientes habituales en el Parque Nacional Isluga.

Termas de Polloquere en un día de mucho público.

Iquique, ideal para después del Altiplano.

El ideal cuando se va al Altiplano es tomarse todo con mucha calma. Dejar que los ojos se acostumbren a la luminosidad diferente que se aprecia en la altura. Dejar que los pulmones se habitúen al aire pobre en oxígeno. Dejar que sea el sitio mismo el que lo acepte a uno. En ese sentido, Putre es el mejor punto de partida posible.

Evidentemente, todo comienza un poco antes, en Arica. Desde ahí uno se interna por el valle de Lluta, y entonces viene la sorpresa por esos enormes cerros pardos que parecen a punto de tragarse el precario verde de las quebradas, y la sorpresa por los repentinos cambios en el paisaje, y otra vez la sorpresa cuando aparece Putre, como viniendo de otro tiempo con sus callecitas de adoquines disparejos y sus portales del siglo 17.

Pero Putre no es el mejor punto de partida sólo por la calma que allí se respira. Lo que ocurre es que este pueblo es el único lugar de la zona con infraestructura hotelera. Entonces la necesaria aclimatación - que debe durar al menos una tarde y una noche- sólo puede hacerse allí.

¿Y qué se hace en ese lapso? Básicamente, caminar despacito - para no ahogarse- hasta la iglesia y deslumbrarse con la imaginería religiosa que data de la época colonial. Curiosear entre los viejísimos productos del almacén de la calle O'Higgins. Comer una excelente cazuela en el restorán Cali por apenas dos mil pesos. Y acostarse bien temprano, porque el día siguiente será muy duro.

Por la mañana, el primer destino puede ser Parinacota y sus bofedales llenos de alpacas, llamas y flamencos. Desde ahí hay que pasar a las lagunas Cotacotani, y luego al lago Chungará, a 4.570 metros sobre el nivel del mar y flanqueado por los Payachatas, dos volcanes hoy extinguidos.

Pero el increíble escenario no se acaba en el Chungará. De hecho, en esta zona hay dos parques nacionales (Lauca y Volcán Isluga), una reserva nacional (Las Vicuñas) y un monumento natural (Salar de Surire). Y también un montón de pueblitos que, como Parinacota, casi están deshabitados y sólo vuelven a la vida cuando hay fiestas religiosas o carnaval.

Para llegar a ellos es necesario desandar algunos kilómetros desde el Chungará y tomar un camino de tierra que va hacia el sur. Se suceden así caseríos como Belén, el único pueblo del Altiplano fundado por españoles; como Guallatiri, con el humeante volcán del mismo nombre como telón de fondo; como Viluvio, otro pueblo fantasma absolutamente apropiado para el paisaje casi extraterrestre que se extiende hasta donde alcanza la vista.

La idea es terminar el día junto al salar de Surire, donde Conaf tiene un refugio para pasar la noche. Es recomendable quedarse allí, pues buena parte de las especies que cobija el Monumento Natural Salar de Surire se aprecian mejor al amanecer.

A la mañana siguiente, tras ver flamencos, patos silvestres, vicuñas y suris (esos pequeños ñandúes que dan nombre al salar), lo mejor es avanzar unos kilómetros más hasta las Termas de Polloquere. Se trata de una laguna que surge en la misma costra del salar y junto a la cual hay sitios de camping.

Desde allí, hay que viajar hasta Vilacoyo, pueblo que marca el comienzo del Parque Nacional Volcán Isluga. Quizá porque existe más agua en esta zona, los pueblitos comienzan a sucederse más rápidamente hasta llegar a Enquelga, el más importante del sector. Más adelante está Colchane, el último pueblo antes de entrar a Bolivia.

A partir de Colchane el camino para bajar hasta Iquique es pavimentado, y aunque son muchos kilómetros, todo pasa casi volando. Por eso, conviene no olvidar - si hay tiempo- que en las cercanías están los baños de Puchuldiza y, más abajo, el extraño pueblo de Huara, con una farmacia-museo más extraña aún.

A esas alturas, llegar a Iquique es el mejor premio posible tras el polvo del altiplano. Están las playas, el ambiente festivo, las compras, la señorial calle Baquedano, los exquisitos pescados y, si se anima a subir otra vez al auto, las salitreras de Humbertsone y Santa Laura. Quizá sean demasiados mundos para una sola región.

LLEGAR: Hasta Arica, llegan Lan Chile y Sky. Pasajes desde $89.500. Para llegar a Putre y hacer el recorrido propuesto lo mejor es arrendar un vehículo con doble tracción (unos 74 mil pesos diarios). Conviene llevar un bidón para bencina, pues en el Altiplano sólo es posible comprar en Putre y a un precio altísimo.

DORMIR: En Putre, la opción más segura es el Hostal Las Vicuñas, el más grande del pueblo, que ofrece habitaciones dobles con media pensión por 80 dólares, tel. (58) 224 466. Una opción más económica es el Hostal Cali (sin teléfono), con excelente comida y habitaciones dobles por doce mil pesos. En Surire, el refugio de Conaf ­equipado con baño, cocina y agua caliente­ cuesta 4.500 pesos por persona. Es necesario reservar con cinco días de anticipación a las oficinas de Conaf en Arica, donde debe pagarse la estadía (también es posible depositar el dinero en una cuenta corriente). Para más información hay que contactar a Andrés Jiménez, tel. (58) 250 207. En Iquique, la mejor alternativa de la ciudad es el hotel Terrado Suites, con habitaciones dobles desde 59 mil pesos. Este hotel tiene programas especiales con alimentación incluida. Para informaciones, teléfono (2) 235 0057. Una opción más económica y bien ubicada es el Hotel Arturo Prat (Aníbal Pinto 695, tel. (57) 427 000), con habitaciones dobles por 27 mil pesos.

EN INTERNET:
www.iquiqueonline.cl

 
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