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Socoroma,
un atractivo desvío cerca de Putre. |
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Un
bofedal y sus "clientes habituales en el Parque Nacional
Isluga. |
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Termas
de Polloquere en un día de mucho público. |
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Iquique,
ideal para después del Altiplano. |
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ideal cuando se va al Altiplano es tomarse todo con mucha calma.
Dejar que los ojos se acostumbren a la luminosidad diferente que
se aprecia en la altura. Dejar que los pulmones se habitúen
al aire pobre en oxígeno. Dejar que sea el sitio mismo el
que lo acepte a uno. En ese sentido, Putre es el mejor punto de
partida posible.
Evidentemente,
todo comienza un poco antes, en Arica. Desde ahí uno se interna
por el valle de Lluta, y entonces viene la sorpresa por esos enormes
cerros pardos que parecen a punto de tragarse el precario verde
de las quebradas, y la sorpresa por los repentinos cambios en el
paisaje, y otra vez la sorpresa cuando aparece Putre, como viniendo
de otro tiempo con sus callecitas de adoquines disparejos y sus
portales del siglo 17.
Pero Putre no
es el mejor punto de partida sólo por la calma que allí
se respira. Lo que ocurre es que este pueblo es el único
lugar de la zona con infraestructura hotelera. Entonces la necesaria
aclimatación - que debe durar al menos una tarde y una noche-
sólo puede hacerse allí.
¿Y qué
se hace en ese lapso? Básicamente, caminar despacito - para
no ahogarse- hasta la iglesia y deslumbrarse con la imaginería
religiosa que data de la época colonial. Curiosear entre
los viejísimos productos del almacén de la calle O'Higgins.
Comer una excelente cazuela en el restorán Cali por apenas
dos mil pesos. Y acostarse bien temprano, porque el día siguiente
será muy duro.
Por la mañana,
el primer destino puede ser Parinacota y sus bofedales llenos de
alpacas, llamas y flamencos. Desde ahí hay que pasar a las
lagunas Cotacotani, y luego al lago Chungará, a 4.570 metros
sobre el nivel del mar y flanqueado por los Payachatas, dos volcanes
hoy extinguidos.
Pero el increíble
escenario no se acaba en el Chungará. De hecho, en esta zona
hay dos parques nacionales (Lauca y Volcán Isluga), una reserva
nacional (Las Vicuñas) y un monumento natural (Salar de Surire).
Y también un montón de pueblitos que, como Parinacota,
casi están deshabitados y sólo vuelven a la vida cuando
hay fiestas religiosas o carnaval.
Para llegar
a ellos es necesario desandar algunos kilómetros desde el
Chungará y tomar un camino de tierra que va hacia el sur.
Se suceden así caseríos como Belén, el único
pueblo del Altiplano fundado por españoles; como Guallatiri,
con el humeante volcán del mismo nombre como telón
de fondo; como Viluvio, otro pueblo fantasma absolutamente apropiado
para el paisaje casi extraterrestre que se extiende hasta donde
alcanza la vista.
La idea es terminar
el día junto al salar de Surire, donde Conaf tiene un refugio
para pasar la noche. Es recomendable quedarse allí, pues
buena parte de las especies que cobija el Monumento Natural Salar
de Surire se aprecian mejor al amanecer.
A la mañana
siguiente, tras ver flamencos, patos silvestres, vicuñas
y suris (esos pequeños ñandúes que dan nombre
al salar), lo mejor es avanzar unos kilómetros más
hasta las Termas de Polloquere. Se trata de una laguna que surge
en la misma costra del salar y junto a la cual hay sitios de camping.
Desde allí,
hay que viajar hasta Vilacoyo, pueblo que marca el comienzo del
Parque Nacional Volcán Isluga. Quizá porque existe
más agua en esta zona, los pueblitos comienzan a sucederse
más rápidamente hasta llegar a Enquelga, el más
importante del sector. Más adelante está Colchane,
el último pueblo antes de entrar a Bolivia.
A partir de
Colchane el camino para bajar hasta Iquique es pavimentado, y aunque
son muchos kilómetros, todo pasa casi volando. Por eso, conviene
no olvidar - si hay tiempo- que en las cercanías están
los baños de Puchuldiza y, más abajo, el extraño
pueblo de Huara, con una farmacia-museo más extraña
aún.
A esas alturas,
llegar a Iquique es el mejor premio posible tras el polvo del altiplano.
Están las playas, el ambiente festivo, las compras, la señorial
calle Baquedano, los exquisitos pescados y, si se anima a subir
otra vez al auto, las salitreras de Humbertsone y Santa Laura. Quizá
sean demasiados mundos para una sola región.
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| LLEGAR:
Hasta Arica, llegan Lan Chile y Sky. Pasajes desde $89.500.
Para
llegar a Putre y hacer el recorrido propuesto lo mejor
es arrendar un vehículo con doble tracción (unos
74 mil pesos diarios). Conviene llevar un bidón para
bencina, pues en el Altiplano sólo es posible comprar
en Putre y a un precio altísimo.
DORMIR:
En Putre, la opción más segura es el
Hostal Las Vicuñas, el más grande del
pueblo, que ofrece habitaciones dobles con media pensión
por 80 dólares, tel. (58) 224 466. Una opción
más económica es el Hostal Cali (sin
teléfono), con excelente comida y habitaciones dobles
por doce mil pesos. En Surire, el refugio de Conaf
equipado con baño, cocina y agua caliente
cuesta 4.500 pesos por persona. Es necesario reservar con
cinco días de anticipación a las oficinas de
Conaf en Arica, donde debe pagarse la estadía (también
es posible depositar el dinero en una cuenta corriente). Para
más información hay que contactar a Andrés
Jiménez, tel. (58) 250 207. En Iquique, la mejor
alternativa de la ciudad es el hotel Terrado Suites,
con habitaciones dobles desde 59 mil pesos. Este hotel tiene
programas especiales con alimentación incluida. Para
informaciones, teléfono (2) 235 0057. Una opción
más económica y bien ubicada es el Hotel
Arturo Prat (Aníbal Pinto 695, tel. (57) 427 000),
con habitaciones dobles por 27 mil pesos.
EN
INTERNET:
www.iquiqueonline.cl
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