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que viaja sólo diez días al mes, pero ya conoce casi
todo el planeta. Igual que sus fotografías, que también
han dado la vuelta al mundo gracias a la publicación de su
libro "La Tierra vista desde el cielo" y a las numerosas
exposiciones organizadas en diferentes ciudades del mundo mostrando
imágenes aéreas: Acabo de inaugurar muestras en Varsovia,
Chicago, Oslo, Montreal y Beirut. Y también quiero exponer
en Chile.

El fotógrafo
francés Yann Arthus-Bertrand se considera un hombre realmente
afortunado por la vida que lleva: Tengo la oportunidad de poder
entregar un mensaje a través de mi trabajo, y en verdad me
encanta lo que hago, asegura.
Sus padres querían
que hiciera estudios normales, pero Yann prefirió tomarse
su tiempo y pasearse por París: Hice un poco de cine, fui
actor, y luego estuve a cargo de una reserva ecológica. Cuando
tenía treinta años partí al extranjero y empecé
a hacer un estudio con mi mujer sobre los leones en Kenia. Fue ahí
cuando descubrí la fotografía. En ese tiempo, yo me
ganaba la vida como piloto de un globo aerostático.
Yann Arthus-Bertrand
ya no trabaja con su mujer porque, según él, ella
lo considera insoportable. Pero desde aquella incursión en
Kenia, las fotos de este autodidacta de 55 años han sido
publicadas en las revistas más prestigiosas del mundo: "Geo",
"Life", "National Geographic".
- No estabas
predestinado a ser fotógrafo. ¿Cómo nació
tu pasión?
Mirando hacia
atrás, me doy cuenta de que siempre me gustó la imagen.
Desde pequeño, siempre saqué muchas fotos. Mi padre
me había regalado una cámara que usaba mucho. Mi pasión
era el cine. Cuando era actor, quería ser asistente del director.
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Siempre me gustó
la fotografía, pero realmente descubrí lo que quería
hacer cuando realizamos ese estudio sobre los leones. Me di cuenta
de que la fotografía daba una información muy distinta
a la de la escritura. Durante un momento quise ser científico,
pero luego vi que la foto era más fácil de hacer y
tenía una fuerza expresiva enorme.
- ¿Entonces
ya eras piloto de globo aerostático?
Sí, era
un piloto con muchas ganas de volar y de vivir el lado mágico
del vuelo. Y fue así como pude descubrir rápidamente
que la fotografía aérea es algo completamente distinto
de lo que puedes ver desde el suelo. Incluso lo que uno conoce bien
desde abajo, desde arriba no lo reconoce. Eso es lo más interesante
de la foto aérea.
- Después
de aquel estudio sobre los leones en Kenia, sacaste una serie de
guías con fotos aéreas de diferentes ciudades como
Nueva York, París, o de países como Grecia, Turquía
y Argentina.
Sí, hice
guías de lugares que me gustaban mucho. Pero en los años
90 me dieron ganas de hacer algo más comprometido. Toda la
gente que trabaja conmigo es muy militante, miembros por ejemplo
de organizaciones como Greenpeace. Queríamos hacer algo que
hiciera tomar conciencia de que todos somos responsables de nuestra
tierra. La idea era hacer un trabajo de fondo, una especie de reflexión
sobre las fotos. Yo soy un fotógrafo completamente obsesionado
por dar un sentido a mi trabajo. Desde hace ya quince años
que lo hago. Después de los leones, que encontré un
trabajo un poco liviano, turístico, que sólo me interesaba
a medias, quise emprender algo más pesado.
Fue entonces
que surgió el proyecto La Tierra vista desde el cielo. La
idea era realizar, en vísperas del año 2000, un verdadero
catastro fotográfico del planeta. Patrocinado por la Unesco,
el proyecto contó con la participación de expertos
(geógrafos, demógrafos, sociólogos) que se
encargaron de comentar las fotos publicadas en el libro del mismo
nombre. Rápidamente, la publicación se convirtió
en un éxito editorial, y ahora ya lleva casi dos millones
de ejemplares vendidos a través del mundo. 
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