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Revista de El Domingo

jueves 24 de mayo de 2012

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El conocidísimo Rio de Janeiro, desde un punto de vista poco habitual. Bora Bora, en la Polinesia Francesa. Yam Arthus-Bertrand, 55 años.
El Mundo es un pañuelo

Dice que viaja sólo diez días al mes, pero ya conoce casi todo el planeta. Igual que sus fotografías, que también han dado la vuelta al mundo gracias a la publicación de su libro "La Tierra vista desde el cielo" y a las numerosas exposiciones organizadas en diferentes ciudades del mundo mostrando imágenes aéreas: Acabo de inaugurar muestras en Varsovia, Chicago, Oslo, Montreal y Beirut. Y también quiero exponer en Chile.

El fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand se considera un hombre realmente afortunado por la vida que lleva: Tengo la oportunidad de poder entregar un mensaje a través de mi trabajo, y en verdad me encanta lo que hago, asegura.

Sus padres querían que hiciera estudios normales, pero Yann prefirió tomarse su tiempo y pasearse por París: Hice un poco de cine, fui actor, y luego estuve a cargo de una reserva ecológica. Cuando tenía treinta años partí al extranjero y empecé a hacer un estudio con mi mujer sobre los leones en Kenia. Fue ahí cuando descubrí la fotografía. En ese tiempo, yo me ganaba la vida como piloto de un globo aerostático.

Yann Arthus-Bertrand ya no trabaja con su mujer porque, según él, ella lo considera insoportable. Pero desde aquella incursión en Kenia, las fotos de este autodidacta de 55 años han sido publicadas en las revistas más prestigiosas del mundo: "Geo", "Life", "National Geographic".

- No estabas predestinado a ser fotógrafo. ¿Cómo nació tu pasión?

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que siempre me gustó la imagen. Desde pequeño, siempre saqué muchas fotos. Mi padre me había regalado una cámara que usaba mucho. Mi pasión era el cine. Cuando era actor, quería ser asistente del director.

 

Siempre me gustó la fotografía, pero realmente descubrí lo que quería hacer cuando realizamos ese estudio sobre los leones. Me di cuenta de que la fotografía daba una información muy distinta a la de la escritura. Durante un momento quise ser científico, pero luego vi que la foto era más fácil de hacer y tenía una fuerza expresiva enorme.

- ¿Entonces ya eras piloto de globo aerostático?

Sí, era un piloto con muchas ganas de volar y de vivir el lado mágico del vuelo. Y fue así como pude descubrir rápidamente que la fotografía aérea es algo completamente distinto de lo que puedes ver desde el suelo. Incluso lo que uno conoce bien desde abajo, desde arriba no lo reconoce. Eso es lo más interesante de la foto aérea.

- Después de aquel estudio sobre los leones en Kenia, sacaste una serie de guías con fotos aéreas de diferentes ciudades como Nueva York, París, o de países como Grecia, Turquía y Argentina.

Sí, hice guías de lugares que me gustaban mucho. Pero en los años 90 me dieron ganas de hacer algo más comprometido. Toda la gente que trabaja conmigo es muy militante, miembros por ejemplo de organizaciones como Greenpeace. Queríamos hacer algo que hiciera tomar conciencia de que todos somos responsables de nuestra tierra. La idea era hacer un trabajo de fondo, una especie de reflexión sobre las fotos. Yo soy un fotógrafo completamente obsesionado por dar un sentido a mi trabajo. Desde hace ya quince años que lo hago. Después de los leones, que encontré un trabajo un poco liviano, turístico, que sólo me interesaba a medias, quise emprender algo más pesado.

Fue entonces que surgió el proyecto La Tierra vista desde el cielo. La idea era realizar, en vísperas del año 2000, un verdadero catastro fotográfico del planeta. Patrocinado por la Unesco, el proyecto contó con la participación de expertos (geógrafos, demógrafos, sociólogos) que se encargaron de comentar las fotos publicadas en el libro del mismo nombre. Rápidamente, la publicación se convirtió en un éxito editorial, y ahora ya lleva casi dos millones de ejemplares vendidos a través del mundo.

   
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