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Imágenes
1973
Introducción
Jorge Edwards |
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Introducción
(1/8)
Fotografías de una prehistoria
por Jorge Edwards
En la memoria parece ayer, por lo menos en la de la gente mayor,
pero en las imágenes, en fotografía, son treinta
años, una generación completa, una época
que desapareció. Los peinados, la ropa, los automóviles,
el paisaje urbano en su conjunto, hasta las caras y los gestos:
todo es de antes, todo es una prehistoria. Parece un país
más ingenuo, más remoto: la ola revolucionaria
llegó desde muy lejos, desde los mares tormentosos del
siglo XX, y golpeó con fuerza, pero resulta claro que
los personajes no entendieron o entendieron pocas veces y sólo
a medias el drama en su profundidad, en todas sus ramificaciones.
Chile, un país del extremo sur de la tierra, una región
donde la conciencia regional decía que nunca pasaba nada,
se convirtió en otro engranaje de la guerra fría,
en otro peón, en uno de los escenarios del gran conflicto
contemporáneo. Pero la gente, en su mayoría joven,
corre de un lado para otro, se ríe, desfila con el puño
en alto, o se para con una guitarra, con una bandera, y da la
impresión de que todo el movimiento no podría
tener consecuencias mayores. Es que se trata precisamente de
otra época, de una etapa anterior.
¿Sabía la gente que alguien, no se sabía
quién, quizás nadie, quizás el puro transcurso
de la historia y de sus tendencias, había colocado una
bomba de tiempo en el centro de todo, en las claves del país?
Salvador Allende sonríe casi siempre, mira hacia adelante,
con evidente optimismo, y se toma un vasito de helado de vainilla.
Nemesio Antúnez, vestido a rayas verticales, artesanales,
envuelto en una larga bufanda, medita detrás de un busto
de don Francisco de Goya y Lucientes.
¿Pensaba en pintura negra, en pesadillas, en caprichos,
en el sueño de la razón que ya se había
puesto a engendrar monstruos? El Pollo Fuentes, astro popular
en ascenso, tiene una vestimenta de un kitsch de color gris
perla. Neruda es el más preocupado de todos, pero ya
estaba muy enfermo, y a lo mejor trataba de explicarle a su
amigo Salvador algo que a su juicio no andaba demasiado bien.
Doña Tencha está sentada en un sillón confortable,
en algún rincón de La Moneda, presidiendo en actitud
modosa, de manos cruzadas encima de la falda, una fiesta que
parece de cumpleaños, un grupo de familia o de oficina.
Me pregunto si no es el general Mendoza el que está en
la extrema izquierda.
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