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24/24
Un día en la vida de 24 mujeres chilenas
Paula Escobar, Karim
Gálvez y Pilar Segovia
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Prólogo
(1/3)
Ser mujer en Chile
“La gente no es capaz de comprender lo que a una mujer
puede pasarle sin que medie su consentimiento, su auténtico
consentimiento interior” –susurró una vez
Marilyn Monroe a Truman Capote.
Truman, un escritor pequeño y maligno y brillante y a
quien le sobraba el talento para detectar la soledad y la flaqueza,
había hablado con Marilyn en un funeral; pero no fue
a propósito de eso que él consignó esa
declaración. La recogió después, casi al
pasar, en un reportaje sobre Elizabeth Taylor.
“Eran pájaros de diferente plumaje, pero tenían
planteamientos morales semejantes” –observó
Truman.
Las mujeres cuyas horas relata este libro son también
“pájaros de diferente plumaje”; pero sospecho
que, a pesar de eso, sus vidas tienen un cierto parecido moral.
Hay una sonriente animadora de televisión, capaz, como
su padre, de hechizar audiencias masivas; una astrónoma
que mira estrellas muertas; una filósofa que escribe
y dicta conferencias con el talento y la frecuencia con que
otros respiran; una política más o menos conservadora
que aprendió muy pronto que la vida es distinta a una
simple geometría moral; otra política, nada conservadora,
que no puede olvidar a su padre muerto; una veinteañera
que construye mediaguas en medio del barro; una antropóloga
que indaga en la memoria oculta de la cocina; otra antropóloga
que, a pesar del éxito, hizo de la exclusión una
forma de estar en el mundo; una doctora que trata todos los
días con la muerte y la pobreza; una golfista rubia,
disciplinada y ambiciosa; una policía capaz de poner
el orden a empujones; una microempresaria que vende huevos con
la sagacidad con que otros transan acciones; una mapuche que
a fuerza de reflexionar sobre su condición, casi ha dejado
de serlo; una profesional de éxito y de decisiones drásticas;
una candidata presidencial de sonrisa levemente contenida.
Todas ellas son mujeres. Algunas están casadas por primera
o segunda vez. Otras están solas a cargo de su hogar.
Algunas tienen servicio doméstico. Otras lo ejercen de
manera directa. Hay viejas y hay jóvenes. Algunas tienen
el rostro aún terso. Y todavía no sabemos qué
quedará de él en definitiva. Otras lo tienen ya
facetado por el tiempo. Reducido a una esencia. Todas desempeñan
varios papeles de modo simultáneo y ninguna de ellas,
salvo quizá las más jóvenes, pero ya les
llegará la hora, son simplemente profesionales o trabajadoras.
Todas viven acompañadas de alguna secreta incertidumbre,
alguna desdicha nunca bien resuelta, alguna alegría contenida,
alguna sombra de esas que llevamos usted o yo, alguna herida
que no acaba nunca de cerrar del todo bien y que a veces se
cuela por estas páginas.
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