24/24 Un día en la vida de 24 mujeres chilenas
Paula Escobar, Karim Gálvez y Pilar Segovia
 
Prólogo    (2/3)

Este libro trata de la vida cotidiana de cada una de ellas. En el espacio público y en el ámbito privado. En la profesión y en el hogar.
No anima a este libro ninguna hipótesis. No se inspira en ninguna teoría sobre el género, la división sexual del trabajo u otro artificio conceptual de esos con los que las ciencias sociales suelen hoy día acercarse al mundo femenino. No espere usted nada de Lacan, no abrigue esperanza alguna de encontrarse con MacKinnon, deje de lado cualquier ilusión de ver citado a Freud y el complejo de Electra, no espere oír nada de la prohibición del incesto. Deje de lado sus esperanzas de leer reclamos de paridad, de acción afirmativa, de asistir a declamaciones acerca de la familia.

Nada de eso aparece en este libro.

En él encontramos a veinticuatro mujeres de orígenes y vocaciones diversas, sometidas a vendavales distintos. La mayor parte de las veces, ya sosegados. Otros apenas comenzando. Cada una en medio de la vida que le tocó en suerte; pero todas con un cierto parecido moral. Porque cada una de ellas se resistió a esa naturalización de lo arbitrario que llamamos roles, se hizo de un cuarto propio y gracias a él pudo atisbar, como en el cuento de Virginia Woolf, lo que estaba allá lejos, en el faro.

Estas páginas intentan acercarse a ellas sin ninguna ironía y sin ninguna distancia. Son en total veinticuatro subjetividades que transitan entre las cosas y entre las horas, confiriendo sentido o lejanía o extrañeza a cada una de ellas, haciendo esfuerzos porque valgan la pena y por eso, al asomarnos a sus vidas, aprendemos de ellas pero también de nosotros.
Al asomarnos a sus vidas, en ese resumen casi siempre infalible que son las veinticuatro horas, aprendemos. Porque uno sólo sabe quién es en el encuentro con los otros. Cada uno es, hasta cierto punto, el resultado de la experiencia especular que tiene con los demás. Cada uno es, a fin de cuentas, lo que le ocurrió: ese gesto de amor que alguna vez recibimos, ese ademán de aversión con que fuimos rechazados, ese temor que nos asaltó, esa escena que vuelve con porfía, esa angustia que no podemos explicar del todo, esa metáfora que es casi siempre el padre, esa experiencia en la que, a pesar de la distancia, nos reconocemos, nos constituyen poco a poco. Pueblan nuestra subjetividad y nos ayudan a responder la pregunta acerca de quiénes somos y a qué aspiramos.


 
 
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