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Un
transatlántico varado en el Mapocho
Cecilia García-Huidobro |
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Introducción
(2/4)
“He sentido pasar el odio sobre mí”,
apunta Joaquín Edwards Bello en una ocasión. “Me
desagrada profundamente que alguien se ponga a elogiarme con
exageración ante otros escritores por cuanto comprendo
que sufren. He visto a uno que se levantó, rojo como
tomate, y se fue furioso, cierta vez que alguien tuvo la ocurrencia
de elogiarme en su presencia.
Nunca me presento como escritor. Me carga serlo. Si pudiera
arrojar al fuego mi parte de escritor, cuando salgo a la calle,
cuando paseo o voy de veraneo, lo haría (…) Si
me preguntaran qué hubiera deseado ser, en vez de escritor,
diría: futbolista, jockey, o extranjero en Chile. ¡Si
yo fuera mister Prutt, desconocido y con tipo de gringo…,
qué feliz! Actualmente viajan con facilidad solamente
los futbolistas, los caballos
de carrera y los diplomáticos”.
Era un terrible impaciente frente a las cosas que lo exasperaban.
El problema era que todo lo exasperaba: la estupidez, el arribismo,
la macuquería, la indiscreción, la injusticia…Cuenta
Salvador Reyes que una vez lo encontró en Agustinas esquina
Ahumada, poco después de medio día. “Venía
de La Nación furioso por un cheque que no le
habían pagado
y que necesitaba con urgencia. Me contó el incidente
con el cajero y llevado por la cólera, me repitió
casi a gritos los improperios que le había lanzado. ¡Canalla,
sinvergüenza, ladrón!... Al mismo tiempo me cogió
por las solapas y empezó a zarandearme…”.
Sorprende, pues, que toda esa lucidez demostrada a la hora de
escribir (como apunta muy bien Marta Brunet en su entrevista,
cada artículo de Joaquín es una pulsación
del mundo) se desvanezca de golpe cuando la mirada la fijaba
en sus propias relaciones sociales. Se sentía amenazado,
ninguneado, maltratado… Acaso porque no se entendía
a sí mismo, creía que los demás tampoco
lo podían comprender.
“Usted sabe que me reprochan que salte de un tema a otro.
Que me repita. Que sea inestable”, le comenta a Alfonso
Calderón en una de las conversaciones que se reproducen
en este volumen. Y agrega: “Soy muchos seres. Cada uno
piensa y actúa de un modo. Soy el que cruzó a
caballo el túnel, el que atravesó la cordillera
a lomo de mula. El de las chayas y el de las casas malas de
niñas buenas. El de Quilpué y el de París.
El de las mesas de juego. El que hoy no puede caminar, ni pensar,
ni nada. Whitman ha dicho que él lleva a todos los hombres
dentro”.“No me reprochen. No sé cuál
Joaquín Edwards habla y cuál escucha. Son muchos”.
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