Notas
de prensa (1/1)
Actividad Cultural, El Mercurio
12 enero 2005
Rescate literario:
Una biografía involuntaria
"El título del volumen es una metáfora
de lo que fue Joaquín Edwards Bello. El Mapocho tiene
un simbolismo extraordinario, y él lo supo interpretar
muy bien. De hecho, dejó crónicas sobre este
río que son extraordinariamente lúcidas",
explica Cecilia García-Huidobro, editora de la Revista
de Libros, que hoy lanza "Joaquín Edwards Bello.
Un transatlántico varado en el Mapocho" (El Mercurio-Aguilar),
selección de entrevistas realizadas al Premio Nacional
de Literatura 1943 y de Periodismo 1959, además de
sabrosas respuestas a las numerosas cartas que recibió
de sus lectores del diario La Nación, quienes literalmente
se "devoraban" sus legendarias crónicas dominicales.
La obra será presentada por los escritores Rafael Gumucio
y Alfonso Calderón. Premonitorio
-¿A qué atribuye esta resurrección
de JEB?
"Cobró forma algo que ya estaba bastante
latente en el país. Gracias a la gran novela de Jorge
Edwards, ahora varios están leyendo su obra, pero JEB
siempre ha tenido muchos lectores, y en especial jóvenes,
que es lo máximo a lo que puede aspirar un escritor.
La gente que se inicia en su lectura se transforma en adicta.
La gracia de su escritura es justamente su calidad de virus.
Además, está la figura de Joaquín, su
forma de pararse frente al mundo, su manera de ver Chile.
Esa actitud un poco desesperada que tiene de sentir lo nacional,
de mirarse y mirarnos, es muy atractiva, actual y joven",
señala Cecilia, responsable de la recopilación
del valioso material y de las notas explicativas que nutren
las entrevistas y las crónicas.
-¿Cómo seleccionó?
"Escogí 22 entrevistas, incluida la que le hicieron
a su viuda, Marta Albornoz, donde ella relata el episodio
del suicidio de su marido. Lo interesante es que se trata
de entrevistas que estaban bastante dispersas, porque JEB
fue un pésimo entrevistado. De hecho, encontré
una conversación clandestina que se la hizo un hombre
que se encuentra casualmente con él en un tranvía,
en 1943. Le pregunta '¿Usted es Joaquín Edwards
Bello?', y él le responde: '¡No!'. Así
comienza el diálogo. Además, y en esto me baso
en lo que han planteado otros teóricos, las entrevistas
son una suerte de autobiografía involuntaria del autor,
y en este caso reflejan el carácter fuera de bulla
de Joaquín. Lo más impresionante son las anécdotas
que escribió el periodista Hans Ehrmann sobre la frustrada
entrevista que quiso hacerle. Primero JEB sugirió revisarla,
luego lo llamó para que la corrigiera y finalmente
le pidió que no la publicara".
"La segunda parte de este volumen incluye las respuestas
a las cartas de los lectores que recibió mientras trabajaba
en el diario La Nación. Son 20, que escogí de
un universo de 400. Le preguntaban de todo, desde las cosas
más domésticas, como el mejor remedio para curar
la gripe, hasta de política internacional. Joaquín
dialoga e incluso reta mucho a sus lectores. En las cartas
manifiesta un espíritu crítico y su visión
democrática del papel de los periódicos. Para
él, la verdadera historia no está en los documentos,
sino en la vida cotidiana, una tendencia que hoy es aceptada
en la historiografía, pero que este creador anunció,
premonitoriamente, hace 80 años".
Maureen Lennon
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