Introducción
Sin duda, el tercer Agustín Edwards hubiera merecido una biografía como la que Claude Bowers – el tan famoso como discutido diplomático estadounidense en España y Chile, los años 30 y 40 del siglo pasado– aspiraba a que fuese escrita sobre él.
Este libro no alcanza tanta altura, ciertamente, pero aspira a presentar el personaje “contra el fondo de su tiempo”, según quería Bowers, y en sus múltiples actividades. Al creador, a los 24 años, del imperio periodístico cuyo buque-insignia fue y es El Mercurio, y luego de Zig-Zag y otras revistas señeras. Al político que, para el Centenario, pudo ser Presidente de la República apenas pasada la treintena, y quizás dar un sentido distinto al régimen parlamentario (como quería), y salvarlo. Al embajador en Gran Bretaña, que supo negociar hábilmente los temas claves que afectaron a Chile durante la Primera Guerra Mundial: el destino de la flota de guerra que nos construían los astilleros
ingleses, el rescate de las reservas nacionales de oro, la venta del stock de salitre. Y que en su segundo período, sirviendo esa misma embajada, defendió vigorosamente a los judíos acosados por el nazismo, y a las víctimas de la Guerra Civil Española, cuyas vidas protegimos mediante el asilo diplomático en el Madrid republicano. Y al fundador y motor de la primera entidad de educación técnica netamente superior que conoció Chile: la Universidad Técnica Federico Santa María.
Y, efectivamente, conoceremos al personaje en todos sus ámbitos y tiempos vertiginosamente sucesivos: el parlamentarismo chileno, primero eufórico y luego desencantado, de nuestra Belle Époque pre 1920, con su enceguecida clase rectora; el primer conflicto mundial y la entreguerra europea, mirados desde observatorios de privilegio: la embajada chilena en Londres y la Sociedad de las Naciones; la crisis nacional de los años 20; la gran crisis mundial de 1929...
Asistiremos no sólo a los éxitos, sino a los fracasos y frustraciones de nuestro biografiado: la candidatura presidencial de 1910; el abortado plebiscito de Tacna y Arica, los años 1925-1926; la obstinada persecución de que le hizo víctima Pablo Ramírez, durante la primera presidencia de Ibáñez; la imposibilidad de hacer operativa la Sociedad de las Naciones. Veremos el empuje sobrehumano que puso en sus empresas periodísticas y económicas, y las delicadas vicisitudes que ellas debieron afrontar.
Queremos presentar todo lo anterior en el necesario contexto de su vida personal y familiar (esta última, veremos, muy rica), de modo que en lo posible surja la humanidad íntegra de Agustín Edwards Mac Clure –virtudes y defectos, visiones y cegueras–, hombre de sus tiempos, esforzándose por superar los “tres defectos encantadores” que le enumeró un político radical los años del Centenario: ser tan joven, tan inteligente y tan rico.
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