Introducción
Desde niña las artes decorativas me llamaron la atención. Asistí a los primeros remates acompañando a mis padres y fueron ellos quienes me
enseñaron a interesarme en las antigüedades, las alfombras, los muebles y los objetos. Experimentaba un verdadero placer cuando veía a uno de ellos levantar la mano y adjudicarse algún lote, pero más fascinación sentía aún cuando lo que habían rematado llegaba el día lunes a la casa y se iniciaba una interesante discusión en torno a dónde se iba a colocar, qué lugar se le iba a destinar o con qué se iba a complementar. Fue mi abuela paterna la que primero se dio cuenta de este interés, y al poco tiempo, siendo yo una adolescente, comenzó a regalarme parte de los pequeños tesoros que guardaba celosamente en un maravilloso chiffonier. Cada cumpleaños, cada Navidad recibía con verdadera fascinación lo que ella me obsequiaba envuelto en papel
de seda.
Pasaron los años e imbuida en el quehacer de la revista Vivienda y Decoración de El Mercurio, sentí la falta en esas páginas a todo color de un espacio dedicado a las artes que nos han antecedido. Es así como nace la columna Anticuario, recopilada y ordenada por capítulos en este libro. Han sido dos años de largo aprendizaje, de descubrir historias interesantes, de conocer objetos que ni siquiera imaginaba que existían y de darles la posibilidad a miles de lectores de aprender de ellos y comenzar a saborear lo que esconden.
Las antigüedades nos brindan un exquisito escenario, que toca parte de
nuestra historia y que nos involucra con lo más íntimo que tenemos y la razón por la que somos hoy lo que somos. Cada pieza es un universo sorprendente, que nos habla de historia, técnica, cultura, moda y diseño, tal como en la actualidad puede hacerlo una buena obra contemporánea de autores como Philippe Starck o Michele De Lucchi. Este libro no es más que un enorme catálogo de aquellas con que hemos convivido por generaciones, que han decorado las casas de nuestros antepasados y con las cuales podemos disfrutar hoy día.
Debemos sentirnos orgullosos de lo que hay en Chile, de lo que las generaciones anteriores se preocuparon de traer desde el extranjero y de legarnos, y de que esas cosas puedan hoy día formar parte de nuestro patrimonio familiar y cultural. Los invito a través de estas páginas a apreciarlas.
Beatriz Montero
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