Alas de Chile. Aeronaves de la Fuerza Aérea 1913-2006
Andrés Pérez-Cotapos y Francisco Poblete
 
Prólogo    (2/2)

A través de estos años, la voluntad y el arrojo del piloto chileno han encontrado su eco perfecto en la madera y la tela de aquellas primeras “máquinas voladoras” o más adelante, en los metales especiales de los aviones más modernos. En glorioso desfile acuden a la memoria Fairchild “Jacobs”, trimotores Ford, “Gipsy” Moth, Curtiss “Hawk” y “Falcon”, Focke Wulf 44, Breda, Nardi, North American “Texan” AT-6, Vultee BT-13, Douglas A-26, Catalinas PBY-5 y OA-10, Grumman “Albatros”, Thunderbolt P-47, B-26 “Invader”, De Havilland “Vampire”, T-33 y F-80 “Shooting Star”, C- 47 Sky Train, Sikorsky S-55C, DC-6B, Boeing 707, UH-1H, C-130 “Hércules”, Hawker Hunter, F-5E, Mirage, y tantos otros...

Estas máquinas representan para nosotros, los aviadores, un mundo de experiencias y de emociones. Repasamos sus nombres y aparecen nítidos en nuestra memoria, porque los vemos con el corazón, única forma de ver realmente, como decía Saint- Exupéry, porque lo esencial es invisible a los ojos. Casi pareciera que podemos oler el peculiar aroma de sus cabinas, de sus combustibles, sentir el particular contacto
de sus equipos de vuelo, disfrutar de la visión ancha y generosa de los amplios espacios aéreos desde sus carlingas...

Cada uno de estos tipos de material aéreo ha sido en sí mismo un desafío diferente, por su particular diseño, capacidad y, casi podría decirse, su personalidad. No hay aviones iguales a otros, aún siendo similares en tipo. Por ello, por experimentado que sea, ningún piloto subestima a su máquina aérea. Por el contrario, cada vez que sube a ella lo hace con la confianza y el respeto de haberla estudiado, de conocerla muy bien, de saber claramente sus capacidades y también las limitaciones que puede tener, como toda obra humana.

Es por esta razón que resulta muy interesante y novedosa la perspectiva bajo la cual la Editorial El Mercurio-Aguilar ha querido mostrar nuestra historia institucional, visualizándola a través de los aviones y helicópteros que han portado nuestras insignias.

Estoy seguro de que no solamente quienes las volamos, sino también muchísimos compatriotas, las reconocerán al verlas y recordarán quizás etapas o sucesos de sus propias vidas, relacionados con las aeronaves de esta Fuerza Aérea, que es de Chile y de todos los chilenos.

En nombre de la Institución, agradezco y congratulo muy sinceramente a los impulsores de este esfuerzo editorial, realizado con ocasión de los 75 años de nuestra creación. Tengo mucha confianza en que esta oportuna iniciativa nos ayudará a los chilenos a elevar una vez más la mirada hacia lo alto, para encontrar en él los designios de progreso y de auspicioso futuro patrio, que se ciernen invisibles en “el camino de los cielos de Chile”.

OSVALDO SARABIA VILCHES
General del Aire
COMANDANTE EN JEFE
FUERZA AÉREA DE CHILE



 
 
 
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