Prólogo
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A través de estos años, la
voluntad y el arrojo del piloto chileno han encontrado su eco
perfecto en la madera y la tela de aquellas primeras “máquinas
voladoras” o más adelante, en los metales especiales
de los aviones más modernos. En glorioso desfile acuden
a la memoria Fairchild “Jacobs”, trimotores Ford,
“Gipsy” Moth, Curtiss “Hawk” y “Falcon”,
Focke Wulf 44, Breda, Nardi, North American “Texan”
AT-6, Vultee BT-13, Douglas A-26, Catalinas PBY-5 y OA-10, Grumman
“Albatros”, Thunderbolt P-47, B-26 “Invader”,
De Havilland “Vampire”, T-33 y F-80 “Shooting
Star”, C- 47 Sky Train, Sikorsky S-55C, DC-6B, Boeing
707, UH-1H, C-130 “Hércules”, Hawker Hunter,
F-5E, Mirage, y tantos otros...
Estas máquinas representan para nosotros, los aviadores,
un mundo de experiencias y de emociones. Repasamos sus nombres
y aparecen nítidos en nuestra memoria, porque los vemos
con el corazón, única forma de ver realmente,
como decía Saint- Exupéry, porque lo esencial
es invisible a los ojos. Casi pareciera que podemos oler el
peculiar aroma de sus cabinas, de sus combustibles, sentir el
particular contacto
de sus equipos de vuelo, disfrutar de la visión ancha
y generosa de los amplios espacios aéreos desde sus carlingas...
Cada uno de estos tipos de material aéreo ha sido en
sí mismo un desafío diferente, por su particular
diseño, capacidad y, casi podría decirse, su personalidad.
No hay aviones iguales a otros, aún siendo similares
en tipo. Por ello, por experimentado que sea, ningún
piloto subestima a su máquina aérea. Por el contrario,
cada vez que sube a ella lo hace con la confianza y el respeto
de haberla estudiado, de conocerla muy bien, de saber claramente
sus capacidades y también las limitaciones que puede
tener, como toda obra humana.
Es por esta razón que resulta muy interesante y novedosa
la perspectiva bajo la cual la Editorial El Mercurio-Aguilar
ha querido mostrar nuestra historia institucional, visualizándola
a través de los aviones y helicópteros que han
portado nuestras insignias.
Estoy seguro de que no solamente quienes las volamos, sino también
muchísimos compatriotas, las reconocerán al verlas
y recordarán quizás etapas o sucesos de sus propias
vidas, relacionados con las aeronaves de esta Fuerza Aérea,
que es de Chile y de todos los chilenos.
En nombre de la Institución, agradezco y congratulo muy
sinceramente a los impulsores de este esfuerzo editorial, realizado
con ocasión de los 75 años de nuestra creación.
Tengo mucha confianza en que esta oportuna iniciativa nos ayudará
a los chilenos a elevar una vez más la mirada hacia lo
alto, para encontrar en él los designios de progreso
y de auspicioso futuro patrio, que se ciernen invisibles en
“el camino de los cielos de Chile”.
OSVALDO SARABIA VILCHES
General del Aire
COMANDANTE EN JEFE
FUERZA AÉREA DE CHILE
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