Stgo. Bizarro
Sergio Paz
 
Introducción    (3/6)

Un ejemplo. El 15 de junio de 1950, la revista Manos Arriba -especializada en los sucesos policiales que sacudían a la metrópolis- titulaba con grandes caracteres una noticia que no tardaría en transformarse en escándalo. La Brigada Móvil de Santiago había descubierto un fumadero de opio en el sector conocido como barrio Ultra Mapocho, operación en la que fueron decomisados cuarenta y un kilos del poderoso alcaloide. “Once chinos y dos pipas de opio movilizan a la policía chilena”, titulaba el provocativo magazine, e informaba profusamente del sitio en que se consumía y comercializaba la droga: droga que, según Manos Arriba, registraba un “creciente consumo en la sociedad chilena”...

Créanlo: si Santiago tiene alguna gracia no es otra que lo normalmente extraño que es. Es cierto que es una ciudad plana, difícil de digerir (y de tragar), pero sin duda está llena de lugares curiosos que ya, quizás de tanto verlos, han ido perdiendo su encanto. Pero la película cambia cuando aparecen todos juntos, uno al lado del otro, y se vislumbra el insólito paisaje al que los santiaguinos nos hemos, de alguna manera, acostumbrado.

Por lo mismo, gran parte de los lugares aquí compilados -discos, sucuchos, bares, tiendas, boites, restaurantes, en fin- no son, en verdad, gran novedad. Están ahí. Son conocidos. La gente, seguro, podrá reconocerlos o al menos haber escuchado de ellos. Como en pocas otras ciudades, aquí lo más under, lo más soterrado, siempre ha sido de lo más normal. Cualquier lustrabotas sabe dónde está la oficina de correos, pero también sabe las coordenadas de esas tiendas de la Plaza de Armas donde venden cruces de Cuernavaca para combatir el vudú.

Pasan los años, pasan los siglos y la ciudad sigue intrigando. Ya John Byron -el abuelo del célebre vate inglés- escribió en sus memorias que, tras haberse pasado unos días en Santiago, vio cómo todas las mujeres salían de sus casas con un velo arreglado de tal modo que sólo se les veía un ojo. Y, lean esto: “tenían los pies muy chicos y en eso se parecían a las chinas”.


 
 
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