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Stgo.
Bizarro
Sergio Paz
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Introducción
(4/6)
El inicio de un desencuentro
Jorge Anfruns -el ovniólogo- siempre ha dicho
que el día en que se fundó Santiago un ovni sobrevoló
el cerro Santa Lucía: “de lo cual hay pruebas”.
Claro que para creer otros cuentos solo se necesita fe. Según
Pedro Mariño de Lobera, autor de la Crónica del
Reino de Chile, encomendada por el padre Bartolomé de
Escobar, tras el ataque de Michimalonco a la naciente metrópolis,
los conquistadores habrían invocado la protección
del Apóstol Santiago y de ahí para adelante todo
fue conmoción y locura.
Según Mariño de Lobera, en el momento de mayor
desesperación los hidalgos vieron “una señora
que les echaba tierra en los ojos, cegándolos (a los
mapuches), de suerte que no veían a los cristianos obligándolos
a volver las espaldas, sin ver en qué lugar ponían
los pies, ni saber si estaban en cielo o tierra”. Nacía
el mito de Nuestra Señora del Socorro: la patrona de
Santiago. Una patrona, por cierto, bizarra.
No es casualidad que Santiago tenga un archivo de lo paranormal
tan abundante. Ya en 1671 se hablaba del culto “del dulce
nombre”, en homenaje a Úrsula Suárez, una
enfermiza monja que platicaba con el cielo y conjuraba con el
diablo, a quien veía sentado en un columpio frente a
su espejo.
Años después se consigna el caso del médium
y abogado de la Contraloría, Jaime Galté Carré,
quien aseguraba poder curar enfermos cada vez que era poseído
por el espíritu del médico suizo-alemán,
Eric Halfanne. Los registros tampoco olvidan a Julia Lara
-“Madame Michaud”-, la mentalista que durante décadas
atendió al presidente Arturo Alessandri; tradición
-esta de conectar la presidencia con lo esotérico- que
después continuaría Eugenia Pirzio Biroli -“la
Bruja de Pinochet”-, fina dama que después de sus
augurios para el plebiscito de 1980 fue premiada con la alcaldía
de Puerto Cisnes.
Más reciente es el caso de Sabina Vélez Hurtado
-“la gurú de la clase alta”-, una colombiana
que se ganó un lugar en la sociedad santiaguina tras
asegurar que, luego de escuchar la voz de Dios, había
dejado para siempre la prostitución y las drogas. Claro
que de ella son pocos los que se acuerdan. Así también,
nadie recuerda el Laboratorio Paranormal de la Escuela de Psiquiatría
de la Universidad de Chile, el cual cesó sus actividades
en 1967, tras investigar con éxito a santiaguinos que
tenían la capacidad de descomponer con la mente elementos
radioactivos.
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