Historia de un sueño fragmentado. Biografía de Mario Carreño
Marilú Ortiz de Rozas
 

Notas de prensa    

Poeta en movimiento, 6 de enero 2008
Revista de Libros

CRÍTICA / PREMIO REVISTA DE LIBROS 2007:
AMENA Y VIVAZ BIOGRAFÍA DE MARIO CARREÑO
Luis Vargas Saavedra
Ojalá esta biografía provoque otras. No abundan. Parecen esquivadas, acaso por el raro pudor póstumo que choca con el impudor en vida con que ninguneamos a nuestros circundantes. Marilú Ortiz de Rozas ofrece un ameno y vivaz ejemplo de cómo se puede decir la verdad sin dorarla y cómo se logra novelizar líricamente una investigación.

Ha ido a la casa natal de Mario Carreño, ha estado en su Habana, en su malecón, ha comido las frutas y los mariscos de su costa, ha retenido el vocabulario con que se las paladeaba, ha leído las memorias, los apuntes, los álbumes de recortes atesorados en el taller santiaguino y ha conversado con cuantos en Chile lo conocieron, estimaron y amaron. En fin, ha cumplido con todo el detectivismo y la arqueología que una biografía cabal demanda. Y no nos ha entregado sus resultados como un árido catastro notarial. Ella es poeta. Y se la capta y goza en su donaire verbal. Escribe con garbo. Se atreve.

Su gallardo atrevimiento consiste en una compenetración tal en lo Carreño, que puede transfigurarle los textos sin perpetrar fraude ni menoscabo, esmerándoles la esencia con solo un par de toques líricos. Mario Carreño los habría no sólo aprobado, sino aplaudido, pues lo interpretan con exaltación.

Oscar Wilde dijo que de todos los discípulos de un maestro, siempre era Judas el que escribía su historia. Aunque Mario Carreño no haya imantado discípulos entorno suyo, Marilú Ortiz de Rozas se desempeña como una anti-Judas, refutando cualquier posible traición.

Además de poeta resulta novelista. Arma los relatos del relato con un ordenado desorden, con una ilación silvestre, es decir como quien al recordar va aceptando la aparición, no cronológica, sino emocional de lo reunido.

A quien frecuenta el género biográfico suelen impacientarlo las etapas de niñez y adolescencia, los inicios del gran despegue, a ese lector puede que le fastidie el desacato secuencial de esta biografía. Pero pronto apreciará la viabilidad acogedora con que le van perfilando a Mario Carreño. Hay una tácita adecuación entre narración bohemia y artista bohemio. Contar con técnica clásica a un personaje romántico, le ha parecido impropio o demasiado paradojal. Y tenemos, en cambio, una biografía volátil y versátil que avanza con la misma libertad de acción de un artista que por muchos años faenó y vivió libre de ataduras.

Sin osar teorías de sexo literario, me parece que cuando una mujer escribe la biografía de un hombre, tiene la gran ventaja de poder sentir lo que él sintiera y de hacérnoslo sentir. Esta empatía bien compartida es el santo y seña de Marilú Ortiz de Rozas.

Quien no supiera a Mario Carreño, aquí lo tendrá cristalizado en sus épocas, en las fluctuaciones de su figurativismo: más o menos estilización geométrico-cubista, constancia de lo tropical aunque se viva al pie de El Plomo. Todo ello en un recóndito combate por ser él, sinceramente él, asimilando las novedades de Chirico, Picasso, Braque, Matisse, y logrando ser Mario Carreño.

Marilú Ortiz de Rozas no nos abruma con el comentario de la abrumadora obra de Mario Carreño, que siendo tan cuantiosa no cabe dentro de un libro de tamaño normal. Requeriría varios volúmenes. En éste, ella nos da lo justo e imprescindible para que sean conjugados, se confabulen oficio y vida. Y es esta unión de artista y de persona lo que hace tan entretenido y cálido, tan cromático y simpático a Mario Carreño y a la biografía que lo conjura.




 
 
 
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