Cavas. Historias de vinos
Patricio Tapia
 
Teletransportarse    (1/3)

Una historia: Es el invierno de 1998 y estoy intentando llegar a la cima de una empinada ladera en la Mosela, Alemania. El día, por muy extraño que parezca para quienes hayan visitado la Mosela en invierno, es perfecto. Los rayos del sol caen sobre el río y hasta alcanzan a iluminar las viejas parras del viñedo por donde trepo. Podríamos decir, incluso, que hace calor.

Delante de mí, unos metros más arriba, va un productor de riesling, la increíble variedad de uva alemana. El hombre ha subido y bajado ese viñedo durante toda su vida, así que para él, esto de llegar a la cima es apenas un paseo. Para mí, en cambio, la gravedad se ha convertido en mi enemigo.

Hemos llegado hasta ese punto de la ladera porque este hombre no ha tenido suficiente con descorchar veintitantas botellas de riesling, deteniéndose varios minutos en cada una de ellas como si hubiese algo allí que necesitara ser explicado con urgencia. Tampoco le ha bastado con enseñarme mapas, barricas y hasta un álbum completo con fotografías de su familia. El hombre, lo que quiere, es mostrarme dónde está el secreto. Así que por eso estoy allí, jadeando.

A medida que subimos, el hombre se detiene a mostrarme las pizarras rojas del suelo. Me enseña cómo los rayos del sol se proyectan en esas piedras, me pasa una para que la toque y sienta la tibieza que guarda. También me explica su sistema para podar las parras y la técnica con la que selecciona los racimos que luego vinificará en su bodega. Son descansos que agradezco.

Cuando finalmente llegamos a la cima, el tema del viñedo parece haberse agotado, así que ambos nos dedicamos a contemplar en silencio el paisaje, la forma en que el río Mosela serpentea entre las montañas, las laderas de inclinaciones imposibles cayendo sobre el río y las cúpulas de las iglesias y las nubes amenazando la claridad del cielo.

 
 
  Términos y Condiciones de la Información
© El Mercurio