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El
Santiago del centenario visto por El Mercurio 1900-1910
El Mercurio |
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A medida
que se acerca el Bicentenario y se proponen proyectos conmemorativos,
resulta más interesante recordar cómo vieron y
vivieron los santiaguinos la celebración de los primeros
cien años transcurridos a partir del 18 de Septiembre
de 1810. A través de una selección de textos publicados
en las páginas de “El Mercurio” de Santiago,
desde su fundación en 1900 y hasta la fecha del Centenario,
pueden observarse tanto el panorama urbano de la ciudad y las
costumbres de sus habitantes en el paso del siglo XIX al XX,
como los cambios progresivos que fueron produciéndose
en los años siguientes.
Este libro está compuesto de citas noticiosas, en su
mayoría muy breves, pero también de trozos algo
más extensos sacados de las habituales colaboraciones
de los principales columnistas del diario, que reflejan, aquellas
de manera espontánea y éstos en forma crítica,
un mundo que nos aparece distante en lo material pero igualmente
preocupado por los grandes problemas del país. Para evocarlo,
se ha dividido el libro en tres partes. La primera, que abarca
desde mediados de 1900 a fines de 1904, corresponde a la situación
de la capital en el cambio de siglo, mostrando a su vez en tres
capítulos el desarrollo urbano, el ámbito de las
ideas, el arte y la cultura, y los hábitos de una época
anclada todavía en gran medida en las formas de vida
coloniales pero que aspira a convertirse en una copia feliz
de París.
La segunda parte, que va desde 1905 a 1907, es una etapa de
transformaciones profundas, que se inicia en su primer capítulo
con dos
años dramáticos, marcados por conflictos sociales
y catástrofes de las que la peor, sin duda, fue el terremoto
de 1906. Sin embargo, pese a todo ello, “la vida continúa”,
como lo muestra el capítulo siguiente, y en el tercero
se agrupan los preparativos iniciales para la celebración
del Centenario, a raíz de la inquietud que empieza a
manifestarse por su proximidad, la tendencia nacional a la improvisación
y la falta de una reacción adecuada a la importancia
del acontecimiento.
La última parte del libro (1908 a 1910) retrata al comienzo
una sociedad que en parte prolonga aquella con que se inició
el nuevo siglo, pero que también presenta ya rasgos diferentes.
La visión de los santiaguinos sobre la vida urbana, los
ritos sociales, nuevos deportes y paseos al campo cercano se
suman a las actividades artísticas en que figuran nombres
ilustres, y también a los graves problemas derivados
de la pobreza. En un segundo capítulo, se aprecian los
logros y los fracasos de las obras con que se espera la llegada
del Centenario, algunas de las cuales cambiaron realmente el
paisaje y el modo de vivir de la capital. Finalmente, el último
capítulo no es sino la crónica, relatada por sus
propios protagonistas, de ese año clave de 1910, motivo
de polémicas pero también centro de múltiples
festejos.
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