Chile en un mundo que cambia. El Mercurio 1911-1920
El Mercurio
 

Prólogo   

Desde sus primeros años, “El Mercurio” de Santiago ha sido testigo fiel de los acontecimientos y de la forma en que ellos iban siendo valorados por los chilenos. A fines de 2006 se publicó una selección de textos aparecidos en el diario durante su primer decenio de existencia, bajo el título “El Santiago del Centenario visto por “El Mercurio” 1900-1910”.

Allí, pese a lo escaso de la muestra en comparación con el enorme volumen del material impreso en ese período, pudieron apreciarse tanto los problemas sociales como las ideas para solucionarlos, el espíritu que animaba a las grandes figuras públicas, las realizaciones efectivas, especialmente en el progreso de la capital, y los detalles de la crónica diaria que caracterizaron ese tiempo, que en muchos aspectos resulta remoto.

El decenio siguiente estuvo marcado en el ámbito internacional por la Primera Guerra Mundial y por la revolución rusa. El efecto de esos hechos y la transformación de la sociedad que los acompañó repercutieron con fuerza en la vida interna de nuestro país, como se desprende de la importancia que da “El Mercurio” de esos años a las noticias del exterior y a los movimientos sociales.

De ahí que la publicación que ahora presentamos, basada en las ediciones que van desde 1911 hasta 1920, entregue una imagen más dramática y abierta al mundo que la anterior, si bien refleja, a la vez, los avances modernizadores y los cambios en las costumbres, con sus curiosidades y el humor de la época. Por lo mismo, se ha querido centrar su texto introductorio no en la vida urbana de la capital, como en el caso del volumen precedente, sino en una sintética explicación de los cambios políticos, cuya secuencia pormenorizada era imposible seguir noticia tras noticia.

También en el diario hubo novedades, y no sólo por sus avances técnicos. Agustín Edwards Mac-Clure, su fundador, cumplió entonces una larga misión diplomática en Inglaterra que lo mantuvo alejado de la labor periodística, aunque pendiente de la situación nacional, y esa experiencia se reflejó en sus artículos y discursos sobre la neutralidad chilena y las consecuencias de la guerra. En Europa lo acompañó Carlos Silva Vildósola, reemplazado en la dirección del medio, que antes y después ejerció con brillo, por Julio Pérez Canto y Guillermo Pérez de Arce. Sin embargo, aquél envió en esos años frecuentes crónicas y columnas de opinión, tan numerosas en esta selección como en la anterior lo fueron las de Joaquín Díaz Garcés.

Así, la inagotable cantera de información histórica que constituye el archivo de “El Mercurio” entrega al público un nuevo aporte, que sólo pretende revivir en forma liviana, pero verdadera, un trozo de nuestro pasado, tal como lo veían los contemporáneos en el momento de ocurrir los hechos que se evocan.


Agustín E. Edwards Eastman

   
 
 
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