Guía de la cerveza en Chile 2008
Pascual Ibáñez
 

Introducción    

¡Sobran preámbulos! No sólo la sed es una bendita excusa para
disfrutar de una buena cerveza; también nos engancha su deliciosa y
amigable informalidad. Ayuda su moderado alcohol –en la mayoría de
los estilos– y, cómo no, esa facilidad para abrir un botellín de manera
espontánea y beberlo sin más, pasando por alto el protocolo.
Su consumo ha logrado popularizarse y dispararse en Chile, donde sus
cifras per cápita ya doblan a las del vino. Si bien admito que nada es
comparable a un reputado vino con origen, el secreto de la cerveza radica en su accesibilidad: está al alcance de todos y es una bebida adecuada para cualquier día y ocasión.

Dado el auge y la proyección que la cerveza ha demostrado en Chile,
pienso que es el momento idóneo para sacar la primera guía de una
bebida tan respetable. Tan mundana como compleja, la cerveza es moderna y versátil; se goza en forma individual o colectiva; está hecha a la medida de cada bolsillo; se puede disfrutar a media tarde y, ¿por qué no?, también a media mañana si pensamos que se puede elegir la cantidad de alcohol (desde los 0°- 0,5° hasta los 14°) de una old ale inglesa diseñada para saborearla a pequeños sorbos en la época más fría.

En resumen, la cerveza presenta un conglomerado de componentes, agua y nutrientes con demostrados efectos diuréticos, hidratantes, sedantes y antioxidantes, que la han convertido en una de las bebidas preferidas del paladar chileno.
Con toda modestia, la intención de esta guía no es dar cátedra sobre las cervezas, sino ilustrar con la mayor imparcialidad y entusiasmo posibles las cualidades sensoriales percibidas en las más de ciento veinte muestras catadas que se han seleccionado para formar parte de ella.
¡Salud!

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