Introducción
¡Sobran preámbulos! No sólo la sed es
una bendita excusa para
disfrutar de una buena cerveza; también nos engancha
su deliciosa y
amigable informalidad. Ayuda su moderado alcohol –en
la mayoría de
los estilos– y, cómo no, esa facilidad para abrir
un botellín de manera
espontánea y beberlo sin más, pasando por alto
el protocolo.
Su consumo ha logrado popularizarse y dispararse en Chile,
donde sus
cifras per cápita ya doblan a las del vino. Si bien
admito que nada es
comparable a un reputado vino con origen, el secreto de la
cerveza radica en su accesibilidad: está al alcance
de todos y es una bebida adecuada para cualquier día
y ocasión.
Dado el auge y la proyección que la cerveza ha demostrado
en Chile,
pienso que es el momento idóneo para sacar la primera
guía de una
bebida tan respetable. Tan mundana como compleja, la cerveza
es moderna y versátil; se goza en forma individual
o colectiva; está hecha a la medida de cada bolsillo;
se puede disfrutar a media tarde y, ¿por qué
no?, también a media mañana si pensamos que
se puede elegir la cantidad de alcohol (desde los 0°-
0,5° hasta los 14°) de una old ale inglesa diseñada
para saborearla a pequeños sorbos en la época
más fría.
En resumen, la cerveza presenta un conglomerado de componentes,
agua y nutrientes con demostrados efectos diuréticos,
hidratantes, sedantes y antioxidantes, que la han convertido
en una de las bebidas preferidas del paladar chileno.
Con toda modestia, la intención de esta guía
no es dar cátedra sobre las cervezas, sino ilustrar
con la mayor imparcialidad y entusiasmo posibles las cualidades
sensoriales percibidas en las más de ciento veinte
muestras catadas que se han seleccionado para formar parte
de ella.
¡Salud!
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