El cóndor negro
Patricia Mayorga
 
Introducción    (1/6)

Un político ejemplar
José Antonio Viera-Gallo

La noticia cayó como un rayo inesperado en la serena tarde del 6 octubre de 1975, durante el mes en que el tiempo en Roma se vuelve más límpido y amable. Se expandió como un reguero de pólvora entre las casas de los chilenos. Copó el inicio del noticiero de la noche y las primeras páginas de los diarios del día siguiente.
Un desconocido con la cabeza envuelta en una media había disparado a Bernardo Leighton y a su esposa, Anita Fresno, mientras intentaban abrir la puerta del edificio de departamentos en Via Aurelia, a escasos 500 metros del Vaticano, dejándolos tendidos en el suelo en un charco de sangre.
No se sabía si sobrevivirían.

Para muchos fue como despertar a una pesadilla de la cual habían querido alejarse; entre ellos, la joven periodista Patricia Mayorga, exiliada en Italia. Su impacto seguramente es el origen de este libro.
Recuerdo los golpes en la puerta de nuestro departamento, la cara y la voz de Gloria Montes, mujer de Julio Silva Solar, afirmando desconcertada: “Han disparado a Bernardo. Está en el Hospital San Giovanni”. Al llegar se veían manchas de sangre y gritos de dolor de la señora Anita.

Cuando la televisión italiana me preguntó el origen del crimen no tuve ninguna sombra de duda: fueron los servicios secretos del General Pinochet y los grupos violentos neofascistas italianos. Ya habíamos tenido la advertencia del asesinato del General Prats y señora en Buenos Aires el año anterior, más o menos en la misma fecha. Al año siguiente le tocaría el turno a Orlando Letelier en Washington.

Con Bernardo Leighton me unía un lazo de profunda admiración y respeto desde que ejerciera el cargo de Ministro del Interior en el primer período del Gobierno de Eduardo Frei Montalva. Durante la Unidad Popular habíamos conversado muchas veces. Era conocida su voluntad de colaborar en la solución de los problemas que podían contribuir a precipitar una crisis política hasta desembocar en una intervención militar. En los últimos meses había ayudado a resolver varias situaciones difíciles en contacto con Carlos Briones, el último Ministro del Interior de Salvador Allende.


 
 
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