Prólogo
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Cuando abrazamos a un niño, él también
nos está abrazando, y ambos nos nutrimos y disfrutamos
ese momento de cariño y cercanía. Los relatos,
las actitudes, actividades y experiencias que elegimos hacer
con nuestros hijos establecen una cultura familiar.
La cultura es la forma cómo vivimos nuestras vidas.
Cada familia hace su cultura. Un joven contaba: «En
nuestra familia celebramos todos los cumpleaños; el
o la festejada elige la torta, le cantamos, pide tres deseos
sin contarnos y apaga las velitas. Después nos comemos
la torta y conversamos». Otro decía: «En
mi familia no se pega, se hablan las cosas si uno está
enojado», o «nos gusta salir de vacaciones todos
juntos unos días al campo o a la playa», o «los
sábados hay almuerzo familiar, los domingos cada uno
puede hacer lo que quiera; eso sí, tiene
que avisar».
La calidad de la cultura familiar que los padres están
creando se puede ver muy enriquecida por los aportes de este
libro. Con cada decisión, con cada comportamiento hacia
losniños vamos moldeando la cultura familiar en donde
nuestros hijos crecen.
Con las decisiones que tomamos podemos mostrar a los niños
cuáles son nuestros valores; como adultos tenemos la
capacidad
de mirar las elecciones de otros y podemos coincidir o no
con
esos valores. Los niños aún no tienen esa capacidad.
Así, entonces,
interiorizarán los valores que nosotros les ofrecemos
si lo
hacemos respetuosamente.
Al ir leyendo y reflexionando lo que Neva nos propone en cada
uno de los temas, podemos trabajar conscientemente qué
cultura familiar queremos construir para nosotros y para nuestros
hijos, cómo queremos expresarles nuestro amor incondicional,
qué les queremos enseñar, qué valores
elegimos para transmitirles. Podemos ir mirando ese delicado
balance de guía y libertad que cada uno de ellos necesita
para descubrir lo que realmente es y quiere ser. Porque cada
uno es diferente, y también nosotros, como padres,
somos diferentes.
Crear en la familia un ambiente acogedor, de descanso y estímulo,
con libertad dentro de las fronteras que protegen la integridad
física y el respeto a los otros, donde se sienta calidez
y amor mutuo, amor que enseña, que guía y que
confía en la persona única y especial que es
cada hijo y cada hija. Cuando una familia, cualquiera sea
su conformación, provee el sentimiento profundo de
pertenecer a ese grupo humano, y al mismo tiempo permite la
individuación de cada persona, los hijos se pueden
parar firmes en su mundo, el que ellos van a vivir, sufrir
y disfrutar.
Eso es lo que contiene este libro, relatos acerca de cómo
crear vínculos positivos y seguros, de cómo
enseñar normas de convivencia que promuevan la amistad
y la paz, de cómo entretenerse y disfrutar con nuestros
hijos e hijas, cualquiera sea la edad que tengan, si tenemos
la sabiduría de llegar a ellos y también de
dejarles la pista libre para circular. A lo largo de cada
página, en cada uno de los temas tratados, se advierte
el amor, el cuidado, el respeto, la admiración y alegría
que Neva siente por los niños, y la enorme dedicación
que ha tenido para consagrar su vida profesional a contribuir
al mejor desarrollo de ellos tanto en el área afectiva
como en su desarrollo intelectual. Ese enorme amor y simpatía
por nuestros hijos es lo que ella más profundamente
nos entrega en estas páginas.
Muchas gracias, Neva.
Verónica Gazmuri
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