Construir la familia que soñamos
Neva Milicic
 

Prólogo    (2/2)

Cuando abrazamos a un niño, él también nos está abrazando, y ambos nos nutrimos y disfrutamos ese momento de cariño y cercanía. Los relatos, las actitudes, actividades y experiencias que elegimos hacer con nuestros hijos establecen una cultura familiar.

La cultura es la forma cómo vivimos nuestras vidas. Cada familia hace su cultura. Un joven contaba: «En nuestra familia celebramos todos los cumpleaños; el o la festejada elige la torta, le cantamos, pide tres deseos sin contarnos y apaga las velitas. Después nos comemos la torta y conversamos». Otro decía: «En mi familia no se pega, se hablan las cosas si uno está enojado», o «nos gusta salir de vacaciones todos juntos unos días al campo o a la playa», o «los sábados hay almuerzo familiar, los domingos cada uno puede hacer lo que quiera; eso sí, tiene
que avisar».

La calidad de la cultura familiar que los padres están creando se puede ver muy enriquecida por los aportes de este libro. Con cada decisión, con cada comportamiento hacia losniños vamos moldeando la cultura familiar en donde nuestros hijos crecen.
Con las decisiones que tomamos podemos mostrar a los niños
cuáles son nuestros valores; como adultos tenemos la capacidad
de mirar las elecciones de otros y podemos coincidir o no con
esos valores. Los niños aún no tienen esa capacidad. Así, entonces,
interiorizarán los valores que nosotros les ofrecemos si lo
hacemos respetuosamente.

Al ir leyendo y reflexionando lo que Neva nos propone en cada uno de los temas, podemos trabajar conscientemente qué cultura familiar queremos construir para nosotros y para nuestros hijos, cómo queremos expresarles nuestro amor incondicional, qué les queremos enseñar, qué valores elegimos para transmitirles. Podemos ir mirando ese delicado balance de guía y libertad que cada uno de ellos necesita para descubrir lo que realmente es y quiere ser. Porque cada uno es diferente, y también nosotros, como padres, somos diferentes.

Crear en la familia un ambiente acogedor, de descanso y estímulo, con libertad dentro de las fronteras que protegen la integridad física y el respeto a los otros, donde se sienta calidez y amor mutuo, amor que enseña, que guía y que confía en la persona única y especial que es cada hijo y cada hija. Cuando una familia, cualquiera sea su conformación, provee el sentimiento profundo de pertenecer a ese grupo humano, y al mismo tiempo permite la individuación de cada persona, los hijos se pueden parar firmes en su mundo, el que ellos van a vivir, sufrir y disfrutar.

Eso es lo que contiene este libro, relatos acerca de cómo crear vínculos positivos y seguros, de cómo enseñar normas de convivencia que promuevan la amistad y la paz, de cómo entretenerse y disfrutar con nuestros hijos e hijas, cualquiera sea la edad que tengan, si tenemos la sabiduría de llegar a ellos y también de dejarles la pista libre para circular. A lo largo de cada página, en cada uno de los temas tratados, se advierte el amor, el cuidado, el respeto, la admiración y alegría que Neva siente por los niños, y la enorme dedicación que ha tenido para consagrar su vida profesional a contribuir al mejor desarrollo de ellos tanto en el área afectiva como en su desarrollo intelectual. Ese enorme amor y simpatía por nuestros hijos es lo que ella más profundamente nos entrega en estas páginas.
Muchas gracias, Neva.

Verónica Gazmuri

 
 
 
  Términos y Condiciones de la Información
© El Mercurio