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Conversaciones
con la libertad
Lucía Santa Cruz |
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Notas
de prensa (2/3)
Y en cuanto a Berlin, su profesor en Oxford, la entrevistadora
confidencia que fue una especie de temor reverencial lo que
le impidió concretar la entrevista con el gran historiador
de las ideas. Pero ambos -Popper y Berlin- están presentes,
con lo mejor de sí -sus ideas-, en buena parte del contenido
de las preguntas que Lucía Santa Cruz dirige a los distintos
entrevistados.
Como se observa, hay en este libro varias cosas que celebrar.
Desde luego, la calidad de los entrevistados y la manera inteligente
y versada, pero también fervorosa, con que Lucía
Santa Cruz va planteando sus preguntas, de modo que el resultado
final de este trabajo periodístico pueda conservar toda
su vitalidad y pertinencia varios años más tarde.
Seguidamente, la Introducción de la propia Lucía
Santa Cruz que, mucho más que un exordio a las diferentes
entrevistas, es todo un ensayo acerca del concepto de libertad
y las dificultades que éste ofrece.
Está también el Prólogo de Juan Pablo Illanes,
completamente alejado de esos inocuos y prescindibles textos
de compromiso que suelen colocarse bajo ese nombre al inicio
de obras como ésta, y en el que es posible encontrar
una lúcida reflexión acerca del periodismo de
hechos y el periodismo de ideas.
Y, por último, asistimos al debut del sello editorial
El Mercurio-Aguilar, una asociación de la que cabe esperar
otros libros que den mejor sustento y mayor proyección
a materiales periodísticos que, como sucede con estas
entrevistas de Lucía Santa Cruz, se hayan ganado el derecho
de pasar desde las efímeras páginas del periódico
a los más perdurables y guarnecidos folios de un libro.Uno
de los temas recurrentes en este libro es el que concierne a
la relación entre libertad e igualdad.
Lucía Santa Cruz se refiere expresamente a él
en su Introducción y no hay prácticamente ningún
entrevistado que lo pase por alto. Una relación nada
pacífica, como se sabe, porque se trata de dos valores
que han propendido a excluirse mutuamente. Pues bien: si algo
hemos aprendido sobre el particular es que no resulta aceptable
desde un punto de vista ético el sacrificio de uno de
estos valores en nombre del otro, de modo que sociedades genuinamente
decentes solo pueden ser aquellas en que las libertades de las
personas se den de la mano de una cierta igualdad en las condiciones
materiales de vida de éstas. Porque, ¿qué
sentido pueden tener las libertades para personas cuyas condiciones
materiales de vida son tan precarias que vuelven enteramente
ilusorios y vacío la titularidad y el ejercicio de esas
mismas libertades?
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