Notas
de prensa
Emol
Viernes 29 de septiembre
Eugenio Tironi lanza libro sobre la felicidad de los
chilenos
SANTIAGO.- El sociólogo Eugenio Tironi lanzó
ayer su último libro titulado "Crónica
de viaje: Chile y la ruta de la felicidad". En él
Tironi reflexiona sobre la evolución que ha tenido
la identidad chilena en las últimas décadas,
luego de optar por un modelo de desarrollo más estadounidense
que europeo.
La pregunta que se plantea el sociólogo es si tras
ese cambio, los chilenos son más felices o si Chile
experimentará una caída en su tasa de felicidad.
Se trata de la publicación más íntima
de Tironi, en la que recrea una memoria, un relato de la historia
más reciente de Chile, que servirá a los chilenos
para descifrar la ruta para llegar a ser un poco más
felices.
"Crónica de viaje: Chile y la ruta de la felicidad"
fue editado bajo el sello El Mercurio-Aguilar, tiene 272 páginas
y está disponible en librerías a un precio de
$8.900.
El Mercurio
Cuerpo Reportajes, domingo 1 de octubre
"El objetivo de los gobiernos es hacer feliz
a la gente"
"Chile y la ruta a la felicidad" es el nuevo libro
del sociólogo. En él, Tironi advierte que, de
seguir adelante con el modelo de desarrollo americano y no
el europeo, se incrementarán las tasas de infelicidad
en los chilenos. Es más: asegura que el INE tendría
que incorporar las tasas de felicidad en sus estudios y que
las políticas públicas debieran reorientarse
según lo que hace feliz o no a la gente.
Piensa más de lo que escribe. Así y
todo, el sociólogo Eugenio Tironi no para de plasmar
su obsesión por intentar dilucidar la evolución
y rostro que exhibe el Chile de hoy. Hace unos años
estuvo viviendo en Estados Unidos, en el midwest, y, a comienzos
de éste, se mudó unos meses a Francia. Ya había
vivido en ambos lugares, así es que en los dos se trató
de un reencuentro con dos de los países estandartes
de la modernidad y de la supuesta felicidad.
Estaba aún en París cuando Tironi empezó
a obsesionarse con una nueva idea: la de la felicidad y de
por qué Francia -y Europa en general- es un pueblo
más feliz que el estadounidense.
Así comenzó a escribir su último libro:
"Chile y la ruta a la felicidad" (El Mercurio-Aguilar),
texto en el que se pregunta cuál será la felicidad
si es que el país sigue adelante con el modelo de desarrollo
americano.
Bienestar europeo
-Usted basa su libro en la diferencia de felicidad entre Francia
y Estados Unidos, pero este año la Universidad de Leicester
acaba de publicar el primer mapa de la felicidad en el mundo,
donde Estados Unidos aparece en el lugar 23 y Francia mucho
más atrás, en el 62. ¿Por qué
dice que los franceses son más felices que los estadounidenses?
-Bueno, porque la base que he tomado en consideración,
especialmente la del inglés Richard Layard, Francia
aparece más arriba que Estados Unidos. Sé que
es contraintuitivo, porque se suele ver a los franceses más
hoscos y pesados. Pero en los datos que yo empleo aparecen
más felices que los americanos.
-En todo caso, aceptar una u otra versión de un
ranking de felicidad es complejo, puesto que aún no
existe un parámetro único y consensuado...
-Es cierto que es una disciplina emergente y que se trata
de un tema difícil de medir, pero no es imposible.
Existen ciertas constantes: sociedades en las que existe menos
incertidumbre tienden a ser menos competitivas, y a la vez
son más felices.
-¿Qué factor es el que hace a Europa más
feliz que a Estados Unidos?
-El Estado de bienestar europeo es clave. La ausencia
de angustias asociada a una red de protección social
hace que los niveles de felicidad en el viejo continente sean
superiores a los de Estados Unidos. Pero también hay
elementos como los vínculos comunitarios, trabajan
menos, son más productivos y dedican más tiempo
al ocio.
De Chicago a Boston
-Chile ha asumido el modelo de desarrollo estadounidense.
Es decir, pareciera ya inevitable asumir que nuestros niveles
de felicidad serán inferiores a los países que
sigan el modelo europeo...
-Nosotros somos un país medianamente pobre. Eso
ya nos hace un país más infeliz. Y somos un
país desigual. Y la desigualdad genera alta infelicidad
entre los que la padecen. Pero es cierto que hemos transitado
desde el modelo europeo a uno americano, que ha hecho aumentar
la inseguridad, pero también la riqueza. En realidad,
si uno mira los resultados de ese cambio de modelo, la sociedad
chilena es más feliz que hace 30 años.
-Pero llegará un momento en que la curva de felicidad,
pese a los niveles de prosperidad, comenzarán a bajar...
-Sí, podremos ser más ricos, pero llegaremos
a un techo de felicidad. Y eso es lo que me pregunto: si seguir
ciegamente el modelo americano o recoger elementos europeos
y de nuestro propio pasado.
-El tema es que resulta muy difícil salir del modelo
de desarrollo por el que ya se ha optado...
-Es que Estados Unidos tampoco es un modelo único.
La Concertación lo que ha hecho ha sido mover a Chile
desde Chicago a Boston, sin intentar devolvernos a Europa.
-Sin atreverse a cruzar el Atlántico y volver a tomar
el modelo de desarrollo europeo...
-Y ha sido por un acto casi de clarividencia. Implantar
el modelo europeo en Chile es una utopía. Resulta irrealizable.
-Es decir, la máxima aspiración es quedarse
en el modelo de Boston y no en el de Chicago...
-Creo que sí. No podemos adoptar el modelo europeo,
pero sí podemos ser más que comida rápida
y malls.
-¿Qué elemento del sistema americano seguido
por Chile es el que ha generado más infelicidad en
Chile?
-El materialismo ramplón. La filosofía ultraliberal
de que todas las relaciones se reducen a un interés
económico. Eso ha terminado por destruir vínculos
familiares, barrios y ciudades. Es un proceso que es necesario
contener y hasta revertir.
Estadísticas
-Resulta paradójico que el modelo americano produzca
menos felicidad que el europeo. De hecho, en su Declaración
de Independencia se hace alusión explícita a
la necesidad de la "búsqueda de la felicidad"...
-Y es una de las más importantes declaraciones
de intención en la historia de la humanidad. Ahora,
la forma en que se han organizado no ha sido la más
efectiva para lograr ese objetivo.
-Una cuestión siempre discutible es el nivel de influencia
del dinero en la felicidad. De hecho, se da la paradoja del
"bienestar-infeliz", en que muchas sociedades ricas
no logran ser felices. ¿Puede haber felicidad en la
pobreza?
-... Se puede ser feliz en la pobreza, pero no en la desigualdad.
En general, el aumento de la riqueza va a la par de un aumento
de la felicidad. Pero hasta cierto punto. Está claro
que, con dos o tres mil dólares per cápita,
el logro de la felicidad se alcanza con más riqueza
y más crecimiento.
-¿Y Chile ya alcanzó ese umbral básico
de bienestar como para preocuparse de la felicidad?
-Discrepo de la gente que dice que estos temas son de
países desarrollados. De la felicidad hay que preocuparse
siempre.
-¿Por qué cree que al gobierno le interesan
tanto índices de delincuencia, contaminación
o pobreza, pero poco se hace por saber qué tan feliz
es la gente?
-Estoy de acuerdo. La medición de la felicidad
debiera ser incorporada como otra cuenta nacional. El INE
debiera tener en su agenda la medición de la felicidad.
-¿Y esos resultados de felicidad debieran determinar
las políticas públicas?
-Absolutamente. Siempre sospecho de una política
pública que deje de lado o ignore el tema de la felicidad
o infelicidad que generará en las personas. En realidad,
el objetivo de los gobiernos es hacer feliz a la gente.
-¿Le sorprende que los pocos estudios de felicidad
en Chile muestren que éste es un país mayoritariamente
feliz?
-No, no me sorprende. Hemos incrementado los niveles de
riqueza, pero al mismo tiempo hemos mantenido el "familismo".
Chile es un país religioso, que es otro factor que
ayuda a la felicidad. Pero la pregunta es a futuro y tiene
que ver con lo siguiente: si seguimos igual, ¿mejorará
o empeorará la felicidad entre los chilenos?
-¿Qué sectores de la sociedad chilena le parecen
los más felices?
-Los sectores más acomodados, la gente del norte,
las mujeres trabajadoras. Contrariamente, la vejez es una
enorme fuente de infelicidad.
-A propósito, ¿usted es feliz?
-Soy feliz. Y en buena parte porque he aprendido a contener
mis expectativas. Ya no me trago ruedas de carreta.
Rodrigo Barría
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