Crónicas ociosas
Francisco Mouat
 
Notas de prensa    (1/6)

Revista de El sábado
(20 de agosto de 2005)

Un héroe reticente

Estés donde estés al momento que lees esto, estás en el territorio de Francisco Mouat. No va a llegar a exigirte un pago, porque su manera de ejercer propiedad no es tan burda ni cortoplacista. Pero en cualquier momento puede llegar a pedirte tu historia. En cualquier momento. Ser anónimo, ser ciudadano "irrelevante" puede salvarte del escrutinio de la prensa y de la curiosidad de la gente en la calle. Pero no te va a salvar de Mouat.

Mouat es como un mafioso que se pasea por su territorio cobrando protección. Si llega a tu puerta te va a cobrar en historias y te va a proteger de la desaparición en el túnel del tiempo. En Chilenos de raza (2004) vimos cómo se empeñaba en recordarnos al Teniente Bello, al Guatón Loyola y al Capitán Araya, entre otros. Ahora, con su último libro, Crónicas ociosas, una recopilación de sus mejores columnas, la mayoría publicadas aquí en "El Sábado", en su sección "Tiro Libre", Mouat apaña historias de personas en este y en el otro mundo.

Considérese el caso de Ted Robledo, futbolista chileno que llegó a Colo Colo desde Inglaterra junto a su más talentoso hermano Jorge, con quien jugó en el club entre 1953 y 1958. Su pista se perdía en los años 60 y se contaba que había sido asesinado en Omán, en algo relacionado con sus malas compa-ñías. Mouat se entusiasma con la historia cuando la lee en la dedicatoria de un libro de Germán Marín. Mouat indaga sobre el personaje y su extraña muerte y la escribe en una crónica de febrero del año pasado. Un mes más tarde, en otra crónica, aporta más información sobre su vida y muerte ­en alta mar, en el Golfo de Omán­, gentileza de la viuda de Ted Robledo, quien le manda una carta a Mouat en reacción a la primera crónica. Página 77 de Crónicas ociosas.

Considérese el caso de Sergio Lagos León, empleado de bodega de una multitienda que un mal día sábado lleva el televisor a la casa de una clienta en La Dehesa y muere asesinado con dos balazos en el pecho disparados por el dueño de casa, que lo cree un asaltante. Su caso, su historia y su nombre se perdían en las breves policiales hasta que en septiembre del año pasado Mouat publica una crónica que lleva el título "¡No dispares!" y que ningún chileno con el corazón bien puesto puede leer sin conmoverse. "¿Quién te defiende a ti, Sergio Lagos León?", se pregunta Mouat, enrabiado como raramente está al momento de escribir. "Escribo tu historia para que armados y desarmados no se olviden de tu nombre, Sergio Lagos León", termina, categórico, contundente, devolviéndole algo de dignidad a un hombre común y a sus dos apellidos. Página 20 de "Crónicas ociosas".

 
 
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