Crónicas ociosas
Francisco Mouat
 
Notas de prensa    (2/6)

Revista de El Sábado


Considérese el caso de Bernardo Aguilera, un controlador de una radioemisora que una buena mañana, mientras Mouat espera ser entrevistado, le cuenta su historia de diez años de pololeo veraniego en Papudo. Hasta que un día Bernardo encuentra a Lala, su polola de verano, y ella le dice que no va más: se ha casado. Y le cuenta de la conversación más intensa de su vida, con su suegro de verano, Justo Encina: tres horas sin decirse nada, mirando el mar, sentados en una roca, hasta que el señor Encina se levanta y le dice "hasta mañana, Bernardo". Mouat escribe la historia en una crónica de octubre de 2004, bajo el título de "Justo Encina y su hija Lala". Página 84 de Crónicas ociosas.

Lo que no cuenta es que después, Bernardo ­uno de los vivos que no se han salvado del "cobro" de Mouat­ le cuenta emocionado que su crónica ha gatillado una continuación. "Eso me parece maravilloso. Que sucedan esas cosas, me parece que eso le da un gran sentido a este asunto. Eso me conmueve, me apasiona", dice Francisco Mouat, en persona, sentado al otro lado de una mesa generosa en un boliche español de calle Rosal. "Alguien me preguntó por qué no escribía la segunda parte. Dije que no. Quiero que la segunda parte la escriban ellos, yo ya conté la historia".

Mouat quiere hacernos creer que el mensajero no es importante. Vaya tontería. Francisco Mouat es como el personaje de Bruce Willis en la primera parte de la película El protegido: un superhéroe que no termina de asumir su condición.

"No tengo un deber ser demasiado incorporado", declara Mouat antes de sorber su "clarita" (cerveza con ginger ale). "Siento que nos debatimos entre la memoria y el olvido. Esos son temas que yo siento que están latiendo en todo momento. Esta tensión está permanentemente en mis preocupaciones y en mi manera de observar. Alguna vez dije que me conmovía mucho el tiempo; y en realidad debería haber dicho el paso del tiempo, y lo que eso supone. Esto suena medio abstracto, pero en realidad es súper concreto, cotidiano", aclara, como si las doscientas y tantas páginas de Crónicas ociosas que tiene sobre la mesa no fueran evidencia suficiente de cuán concreto y cotidiano puede ser su trabajo.

 
 
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