Todo comenzó en Curanilahue...
Felipe Berríos
 
Prólogo    (1/2)

En una sociedad en la que a menudo se oye decir que los jóvenes -marcados por el individualismo de nuestro modelo cultural- no se interesan por causas superiores, es impresionante ver a miles de universitarios destinando sus vacaciones, su tiempo libre y sus energías a una causa solidaria de servicio al pobre. El voluntariado de Un Techo para Chile y los frutos que ha generado son el origen de las reflexiones de este texto, que analiza nuestra sociedad y nuestra Iglesia.
El aporte fundamental de este libro radica en que une experiencia, reflexión, sueños y pasión. Se trata una combinación profundamente ignaciana para encarar la formación de la juventud que ha demostrado ser una herramienta eficaz y atractiva.

Un Techo para Chile es hoy mucho más que la construcción de mediaguas. Tanto los jóvenes que construyen como los que trabajan en la oficina central, los que analizan diversos escenarios, los que hacen encuestas, los que diseñan estrategias para erradicar los campamentos y terminar con la pobreza extrema y los que preparan programas de educación y capacitación, nos muestran que esta obra es una gigantesca toma de conciencia ante una situación que se ocultaba y que los profesionales a menudo ignoraban, dado que la formación universitaria se ha entendido fundamentalmente como un medio para alcanzar el éxito personal.

El libro que presentamos nos cuenta, de un modo pedagógico, que todo comenzó en Curanilahue, donde un grupo de jóvenes universitarios trabajó codo a codo con los pobladores. Esta colaboración derrotó prejuicios, creó cercanías y amistades y terminó cambiando radicalmente la vida de esos muchachos. Su cosmovisión, el sentido de su profesión y de los estudios se vieron profundamente modificados por el conocimiento de una forma de vida que para ellos era geográficamente tan cercana, pero culturalmente tan distante y desconocida.

Esta obra no se limita a describir el trabajo de los jóvenes de Un Techo para Chile, sino que a partir de esa experiencia profundiza hasta llegar a las estructuras sociales, los prejuicios y los atavismos culturales que de manera injusta terminan reproduciendo una y otra vez situaciones profundamente inhumanas.



 
 
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