Todo comenzó en Curanilahue...
Felipe Berríos
 
Prólogo    (2/2)

Abrir los ojos ante una realidad velada por el acostumbramiento, es tarea esencial para hacernos responsables del mundo. En tal sentido, este libro nos recuerda aquella pregunta: ¿Es Chile un país católico?, la famosa obra del padre Hurtado que estremeció conciencias y despertó a toda una generación. El análisis no se limita a una mirada sociológica de la realidad nacional, pues yendo al fondo de las cosas nos hace ver que el cambio que Chile requiere supone revisar a fondo el tipo de religión y la espiritualidad que están en la base de una cultura que se muestra indolente ante la injusticia y el dolor humano. No siempre se cae en la cuenta de que ciertos tipos de religiosidad y actividades apostólicas pueden tranquilizar conciencias y desviar la atención de quienes como profesionales deberían buscar las causas de la miseria, escudriñar las estructuras que las mantienen y proponer soluciones para corregirlas.

Todo comenzó en Curanilahue expone la esperanza y la santa ilusión que genera una religiosidad preocupada de la historia y que se encuentra en el corazón de las propuestas del Concilio Vaticano II, de Medellín y Puebla. Al mismo tiempo, estas páginas, con honestidad y visión crítica, nos hacen ver el peligro de que se apague una luz que se había encendido para ponerla sobre el candelabro. No es antojadizo decir que hoy corremos el peligro de perder el impulso misionero, la pasión por la justicia, el deseo de acercarnos a quienes no piensan como nosotros, para cobijarnos en grupos cerrados y protectores.

Es interesante ver cómo a partir de la experiencia que se inició en Curanilahue se nos presenta una imagen de Chile, de la Iglesia y del mismo Dios. Una imagen que es profundamente evangélica y atractiva para los jóvenes, aun para quienes no compartiendo nuestra fe buscan con corazón sincero una causa que tenga sentido y por la cual desean entregar su vida.

Es importante no quedarse enredado en una u otra frase e ir al fondo de la verdad y de la santa pasión que vibra en este escrito. En un momento en que vemos que Chile se abre al mundo y que tiene la posibilidad de dar un salto al desarrollo es indispensable mostrar un cristianismo que por sus exigencias y por su vigor, contribuye a humanizar esta sociedad emergente.

Los jesuitas siempre hemos creído que la verdadera fe en Jesucristo no puede desligarse de la promoción de la justicia. Si la fe no es fermento de justicia puede convertirse en droga. Este libro evoca lo que tal vez hubiese dicho el padre Hurtado de haber estado en nuestro lugar. No hay que olvidar que nuestro santo procuraba seguir el ejemplo de Jesucristo que, estoy seguro, está muy cerca de lo que comenzó en Curanilahue.

Fernando Montes Matte S.J.


 
 
 
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