Prólogo
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Abrir los ojos ante una realidad velada por el acostumbramiento,
es tarea esencial para hacernos responsables del mundo. En tal
sentido, este libro nos recuerda aquella pregunta: ¿Es
Chile un país católico?, la famosa obra del padre
Hurtado que estremeció conciencias y despertó
a toda una generación. El análisis no se limita
a una mirada sociológica de la realidad nacional, pues
yendo al fondo de las cosas nos hace ver que el cambio que Chile
requiere supone revisar a fondo el tipo de religión y
la espiritualidad que están en la base de una cultura
que se muestra indolente ante la injusticia y el dolor humano.
No siempre se cae en la cuenta de que ciertos tipos de religiosidad
y actividades apostólicas pueden tranquilizar conciencias
y desviar la atención de quienes como profesionales deberían
buscar las causas de la miseria, escudriñar las estructuras
que las mantienen y proponer soluciones para corregirlas.
Todo comenzó en Curanilahue expone la esperanza
y la santa ilusión que genera una religiosidad preocupada
de la historia y que se encuentra en el corazón de las
propuestas del Concilio Vaticano II, de Medellín y Puebla.
Al mismo tiempo, estas páginas, con honestidad y visión
crítica, nos hacen ver el peligro de que se apague una
luz que se había encendido para ponerla sobre el candelabro.
No es antojadizo decir que hoy corremos el peligro de perder
el impulso misionero, la pasión por la justicia, el deseo
de acercarnos a quienes no piensan como nosotros, para cobijarnos
en grupos cerrados y protectores.
Es interesante ver cómo a partir de la experiencia que
se inició en Curanilahue se nos presenta una imagen de
Chile, de la Iglesia y del mismo Dios. Una imagen que es profundamente
evangélica y atractiva para los jóvenes, aun para
quienes no compartiendo nuestra fe buscan con corazón
sincero una causa que tenga sentido y por la cual desean entregar
su vida.
Es importante no quedarse enredado en una u otra frase e ir
al fondo de la verdad y de la santa pasión que vibra
en este escrito. En un momento en que vemos que Chile se abre
al mundo y que tiene la posibilidad de dar un salto al desarrollo
es indispensable mostrar un cristianismo que por sus exigencias
y por su vigor, contribuye a humanizar esta sociedad emergente.
Los jesuitas siempre hemos creído que la verdadera fe
en Jesucristo no puede desligarse de la promoción de
la justicia. Si la fe no es fermento de justicia puede convertirse
en droga. Este libro evoca lo que tal vez hubiese dicho el padre
Hurtado de haber estado en nuestro lugar. No hay que olvidar
que nuestro santo procuraba seguir el ejemplo de Jesucristo
que, estoy seguro, está muy cerca de lo que comenzó
en Curanilahue.
Fernando Montes Matte S.J.
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