Notas
de prensa (1/2)
Poeta en movimiento, 11 de agosto
2006
Revista de Libros
Desde la poesía sufí a George W. Bush,
desde la Torá al Nuevo Testamento. No hay límites
para las lecturas y citas de este poeta que también
es músico, ingeniero y ejerce como periodista del portal
Educarchile.cl (de la Fundación Chile).
Organizador de revistas, festivales y bombardeos poéticos
a través del colectivo Casagrande; vocalista y fundador
del grupo musical Los muebles, dueño del blog en el
que firma como Malayo, Julio Carrasco Ruiz (Santiago, 1969)
es como la representación humana del verso de Parra:
"Todo lo que se mueve es poesía/ lo que no cambia
de lugar es prosa". Poeta ciento por ciento, no deja
de moverse entre sus múltiples intereses y sus distintas
personalidades, "uno va siendo una persona u otra a lo
largo del día y a lo largo del año - asegura-
; pero todas mis personalidades hablan a través de
la poesía".
Los viajes tampoco le han sido ajenos. El primero fue a California,
Estados Unidos, después de haber logrado salir del
país junto a su madre y su hermana gracias a un ciudadano
estadounidense. "¿Viste la película Missing?",
pregunta. "El que nos ayudó es uno de los personajes
reales, el que queda vivo". Julio tenía cinco
años, su hermana, dos. Un mes más tarde partieron
a Francia, y en 1977 a Cuba, donde a su padre, uno de los
fundadores del conjunto Quilapayún, le extraerían
una bala que permaneció alojada en una de sus piernas
durante los tres años que estuvo prisionero en Chile.
Quince años después, titulado de ingeniero civil
mecánico, Julio decidió volver a su país,
dejando atrás una cincuentena de amigos. Y algo más.
"Como consecuencia de la diáspora de los noventa,
muchos viven ahora en Miami o en Europa. Pero mantengo contacto
con todos ellos. Y vuelvo cada vez que puedo a mi barrio,
lo conozco a fondo piedra por piedra y cada una de sus esquinas
contiene un fragmento de mi vida".
Mientras hacía los trámites para convalidar
su título en Chile vio el aviso de una escuela nueva
de música cuyo director era Eduardo Carrasco. "Sentí
que entrar ahí era también una forma de acercarme
a la familia. A mi tío no lo veía desde Francia.
Mis papás se separaron en Cuba". Primero en la
Sociedad Chilena del Derecho de Autor y luego en el Conservatorio,
estudió composición durante nueve años,
"lo que significa que no soy virtuoso en ningún
instrumento". Ahora lo recuerda como un período
traumático. "Tenía que ganarme la vida
de algún modo y como estaba trabajando jornada completa
y yendo a la Universidad, necesitaba días de treinta
o cuarenta horas".
Premiado en los Juegos Florales de Vicuña en 1997 y
becado por la Fundación Neruda y el Consejo Nacional
del Libro, la poesía y probablemente el humor que le
viene por familia lo ayudaron a reconciliarse con este país.
"Yo no me muevo más de acá", asegura,
mientras toma mate frío, como le enseñaron sus
dos hermanos paraguayos, y al que él le ha agregado
agua mineral con gas.
- Te demoraste diez años en publicar tu segundo libro,
¿cómo lo hiciste para presentar otro al concurso?
- El libro de los tiburones lo publiqué en 1995
y desde entonces seguí escribiendo con el mismo ritmo
que he tenido siempre. Fui acumulando textos y, entre paréntesis,
fui participando en las versiones anteriores de este premio.
Y de repente publiqué, pero no fue una decisión
mía, sino que el editor de Tácitas, Adán
Méndez, conocía algunos textos y me pidió
un grupo de poemas. Mi primer impulso fue publicar todo lo
que había escrito, pero después me di cuenta
de que ahí había dos libros diferentes, dos
tonos, dos caracteres. Le pasé uno a Adán, que
se publicó a fines del año pasado (Sumatra),
y me quedé con éste, que tenía pensado
publicarlo luego, pero estaba en el proceso de corregirlo,
que es tan largo como uno pueda extenderlo. Y más para
mí, que tengo un problema con la publicación.
Mi primera reacción después de que salió
mi primer libro de la imprenta fue quemar toda la edición.
Y empecé a enterarme de varios casos conocidos.
- ¿Y la quemaste?
- No. Después de conversar esto con amigos, desistí.
Pero ver los textos impresos en un libro es algo que me trae
mucho conflicto, porque uno ya no los puede seguir cambiando.
Por eso me costó mucho tomar la decisión de
publicar en Tácitas. Y ahora también me trae
mucho conflicto. El premio me tiene más nervioso que
contento.
- Pero ya has ganado otros premios, ¿por qué
tanto nerviosismo?
- Bueno, porque éste es un premio importante, entonces
se publica con bombos y platillos, con todas las cámaras
sobre uno. Da mucho vértigo.
- De "Sumatra" se dijo que era la reafirmación
de un estilo, ¿cómo caracterizarías este
libro en el que incluso te atreviste a poner tres sonetos?
- No sabría decirlo. En Sumatra uso la prosa poética
y uso también versos largos. En este libro los versos
son más cortos. Siento que este libro está más
cercano a la idea del verso. Yo creo que hay dos poemas en
particular que me impulsaron a hacer sonetos, uno fue el de
Óscar Hahn, que me lo sé de memoria: "Gladiolos
rojos de sangrantes plumas,/ lenguas del campo, llamas olorosas,/
de las olas azules, amorosas..." ("Gladiolos junto
al mar"). Y el otro fue uno de Garcilaso, al que llegué
porque estaba citado por Maquieira en los Sea Harrier. Quedé
muy impresionado de que se pudiera escribir sonetos de esa
manera. Siendo más joven siempre tuve un prejuicio
hacia la tradición. Cuando vi lo que se podía
generar en esta relación entre forma y contenido, usar
formas antiguas para decir cosas, entre comillas, nuevas o
de una forma novedosa, me interesó mucho.
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