Despedidas antárticas
Julio Carrasco
 

Notas de prensa    (2/2)


- Incluso tomas versos de otros poetas. ¿Cómo te reconoces en esa tradición?
- Dentro de mi generación, la de los noventa, donde nos ubicamos los que empezamos a escribir y a publicar en esos años, el espectro es bien diverso y siempre se pueden ver diferentes voces que vienen de diferentes estilos e influencias. Sin embargo, somos un grupo en el que toda esta diversidad ha dado para asumir una amplitud de criterio que nos hace ser tolerantes. No sé si fruto de la época en que me puse a publicar o de la poesía que se escribió en torno a mí, siento que escribo de diferentes maneras y que voy cambiando de acuerdo a lo que vaya leyendo. Yo había empezado a escribir tratando de acercarme conscientemente a Kafka. Llegar a Chile y conocer a Parra, que es un autor al que admiro mucho, fue un descubrimiento importante. Pero también fue importante ver la forma en que se percibía la poesía. Yo creo que en Cuba jamás habría sido poeta.

- ¿Crees que acá la poesía se toma más en serio?
- No es que se tome más en serio a nivel social, sino que los poetas en Chile tienen como un orgullo y un sentido de pertenencia a una tradición nacional que es súper vigorosa.

- ¿Cómo llegaste a la literatura?
- Yo fui muy lector desde chico. En Cuba estudié una ingeniería y tenía más pretensiones de ser músico que poeta. Muchas veces escribía letras para ser cantadas y por ahí vino mi acercamiento a la poesía. No fue una decisión consciente. De repente vi que había escrito muchos poemas y que estaba en un medio en el que tenía amigos poetas. Yo creo que la vida me ha llevado a ser lo que soy, he ido reaccionando a todo lo que me ha ido pasando.

- ¿Como tus acciones poéticas con el colectivo Casagrande?
- En eso cabe la misma respuesta. No es algo que yo haya elegido; simplemente me encontré con José Joaquín Prieto y con Cristóbal Bianchi. A Bianchi lo conocí en la Fundación Neruda, donde fuimos becarios del taller 96. Yo jamás había tenido intenciones de hacer una revista ni estas intervenciones poéticas públicas, que era una idea que venía mucho más conscientemente de mis dos partners. Sin saber cómo ni por qué de repente estaba metido de lleno en esto, inventando cosas. Los bombardeos de poemas en La Moneda, Dubrovnik, Guernica. Todos los proyectos de Casagrande son como saltos al vacío y decisiones sumamente riesgosas, porque nunca hay plata. Pero hay una convicción total de que lo vamos a hacer y eso solamente lo he encontrado con Bianchi y con Prieto. Y ahora con Pilar Navarrete que es una periodista que se vino a trabajar con nosotros.

- ¿Reconoces la influencia de la música en tu poesía?
- Totalmente. Muchas veces para redondear una idea de poema he tenido que escuchar música. Incluso he tenido que hacer dibujos para saber qué tengo que escribir. El I Ching lo describe muy bien, hay un momento en que están las fuerzas contrarias y es el caos, previo a la creación. Y más aún, los consejos que mis profesores de composición, Amenábar, Letelier y sobre todo Cirilo Vila, me dieron para la música, yo veía que eran totalmente aplicables a la literatura.

- ¿Cómo pasaste de la prosa poética que hay en "Sumatra" a estos poemas en verso?
- Hay un poema de Elizabeth Bishop que siempre uso como ejemplo. Son versos que describen una visita al dentista, pero si tomas eso y lo pones en un párrafo, es prosa. Fue mi preocupación en ese momento, saber cómo lo ponía yo, qué forma le daba. Gran parte de la poesía que está escrita en verso, funciona también como prosa. Lo que hice en Sumatra fue ir a un acontecimiento, darle una forma y hacer que la sensación estética llegue por el final.

- Es como lo que Cortázar postulaba para el cuento.
- Tiene más que ver con el esquema de las artes temporales. También en "El hombre imaginario" de Parra el final es el knockout. El otro ejemplo es Omar Kayham. También Enrique Lihn, con ese famoso poema "Porque escribí". En toda la literatura hay un ritmo y hay quienes saben usarlo más o menos correctamente. Incluso Bush, en el discurso de la última convención republicana, hizo una cosa super literaria. Para la clase de troglodita que es él, fue muy histriónico y la interpretó muy bien. Repetía una serie de declaraciones y las terminaba en "no nos van a detener". Como una letanía, que está en los responsorios de la tradición católica, y también en la tradición judía y en la islámica. Son frases con un verso que se va repitiendo, y eso te va acostumbrando, y cuando se suprime ese verso pasa algo y uno se inquieta. Generalmente, ahí se da una declaración que es muy fuerte, y que es lo que resume el espíritu del poema, y después viene el verso al que uno estaba acostumbrado y vuelve la calma. Es muy sencillo, pero te digo una cosa: siempre va a funcionar, nunca va a pasar de moda, porque así ha sido a través de todos los siglos.

- Tu poesía también se conecta con la ciencia, por ejemplo en el tema del tiempo.
- A mí me parece que pasa de una forma muy natural. Creo que es súper obvia la relación que hay entre todas las cosas. En el fondo, la filosofía, la física y la literatura son formas de tratar de ver o de explicar el mundo, cosa que no es posible. No he conocido un científico que "entienda" la ley de la relatividad, es algo totalmente inexplicable.

- "El uso constante tuerce el sentido de las palabras/ y éstas tuercen el sentido de la existencia", dices en uno de tus poemas.
- Pasa lo mismo que con las religiones, los sistemas o las instituciones; desde el momento que se estandarizan, crean cargos y mecánicas de funcionamiento, rápidamente caen en desuso, y son sólo repetición de ritos vacíos. Sin ir más lejos, mira la Sociedad de Escritores de Chile, antes era una asociación respetable. La costumbre es como una bestia tremenda que lo banaliza todo; cosas que en un momento son muy importantes, el uso constante las convierte en accesorias. Por eso mismo, en Casagrande siempre hemos sido hippies, hemos tomado lo que hacemos como una relación de amigos. Desde el momento en que nos ponemos a inventar cargos, sonamos; si sacamos personalidad jurídica, nos vamos a la cresta.

- ¿Dirías que tu manera de ver la vida es poética?
- Estoy convencido de que cada uno ve lo que se inventa. Hay muchísima literatura al respecto. Desde este samurai del siglo XVII que decía "no sé cómo superar a los demás, sólo sé cómo superarme a mí mismo". O un verso de Kavafis, "ni lestrigones ni cíclopes encontrarás si tu corazón no los levanta ante ti". O Rumi, un poeta afgano del siglo XII, que dice "busqué en la cruz y no encontré, busqué en la Torá y no encontré, busqué en la Cábala y no encontré, busqué en mi corazón y ahí estaba". Yo pienso que si uno quiere cambiar algo que está afuera, tiene que cambiar lo que está adentro.

- ¿Cómo surgió tu interés en las literaturas orientales?
- Las mil y una noches es un libro increíble. Y bueno, hay varias cosas que he descubierto respecto de la poesía árabe, que es un territorio muy vasto y que yo la verdad es que conozco un uno por ciento, pero suficiente para influir en mi forma de escribir. Pero la recurrencia a las literaturas "exóticas", entre comillas, tiene que ver también con un deseo consciente que tuve en un momento, de estar en cualquier lugar menos acá, en Chile. Después fui cambiando y me quedé con esas formas de escribir, con recurrencias a latitudes geográficas y estilos de escrituras disímiles. Me quedé con la pura cáscara. Y ahora la sigo usando, pero ya con otra intención.

- ¿Influyeron en tu poesía las experiencias que viviste de niño?
- Sería injusto magnificar todas las cosas que me pasaron a mí, porque muchas otras personas deben haber sufrido más. Pero en lo que a mí respecta, mientras estuve fuera de Chile no me afectó, lo viví a mi manera, fue un proceso; a lo mejor tiene que ver también con mi decisión de escribir poesía. Recién tomé conciencia acá de que mis primeras nociones estéticas fueron a raíz de eso. Visiones de mi infancia, pero como era un niño no sabía cómo explicarlas. Ahora, con mi experiencia de adulto, les puedo poner un nombre. Como el momento en que tomaron presa a mi mamá y que nos llevaron con mi hermana en un jeep descapotable; había toque de queda y la ciudad estaba desierta, de noche. Tengo otras imágenes que son las típicas postales que llevamos todos. Una playa abandonada, mi mamá me trataba de sacar porque nos teníamos que ir. O cuando salimos de Chile, nos subimos al avión, el clima que había. En esa época mi papá ya estaba preso... Y bueno, a partir de ahí una serie de postales existenciales que uno tiene, y cuando uno muera quizás qué pasará con todo eso.

- ¿Crees que la poesía es una manera de fijar esas postales?
- Quién sabe lo que será la poesía. Lo que no cambia de lugar es prosa, como dice Parra, todo lo demás es poesía.

María Teresa Cárdenas

 
 
 
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