De zorros, amores y palomas. Memorias
Fernando Balmaceda del Río
 
Introducción    (1/2)

Desde 1991, El Mercurio, en conjunto con Empresas CMPC, ha desarrollado con gran acierto y entusiasmo el Concurso Premio Revista de Libros, el que se ha convertido en una de las actividades esenciales realizadas dentro del mundo de las letras nacionales.

Este certamen se efectúa anualmente desde hace ya once años, con el principal objetivo de incentivar en forma constante la creación literaria en el país y otorgarles el merecido reconocimiento a escritores y poetas.
Con extraordinarias convocatorias, el concurso ha ido incursionado en diferentes géneros literarios. Partió el primer año dirigido a novelistas y como ganador resultó Gonzalo Contreras, con su obra La ciudad anterior, la que marcaría el inicio de la carrera de uno de los más prestigiosos escritores chilenos, con su prosa esencial, pulida e inteligente. En 1992, el poeta Adán Méndez ganó con sus versos recopilados en Antología precipitada.

Quién mató a Cristián Kustermann fue la novela policial de Roberto Ampuero ganadora del concurso en 1993, con la que dio a conocer a su entretenido personaje, el detective Cayetano Brulé, quien continuaría protagonizando aventuras en la creación posterior del autor. En 1994, Marcelo Rioseco ganó con Ludovicos o la aristocracia del universo, obra que refleja una poética existencial, bella y mágica donde el autor se plasma también como un arquitecto de las causas subterráneas.

Tito Matamala ganó en 1996 con la novela Hoy recuerdo la tarde en que le vendí mi alma al diablo (era miércoles y llovía elefantes). En 1996, fue Juan Cameron con sus poemas reunidos bajo el título Viles ejecutorias, donde presenta una voz elegante, sabia y nostálgica.

Juan Pablo Uribe-Etxeverría recibió el premio en 1997 con la novela Uñas de muerto. Y en 1998, se realizaría la primera versión del concurso dedicada a cuentos, donde ganó el relato Lentes oscuros/Gafas ahumadas, del escritor Hernán River Letelier, ya reconocido mundialmente por su genial y divertida novela La reina Isabel cantaba rancheras.


 
 
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