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Droga
y alcohol: enfermedad de los sentimientos
Raúl Schilkrut
y Maite Armendáriz |
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Introducción
(1/5)
Esta obra es un intento de mostrar el mundo
interior de la persona en consumo, desde esa intensa emoción
que experimenta en sus primeros contactos con la sustancia hasta
el vacío y la desesperación del adicto que no
ve otra salida que volver a consumir.
La persona que abusa de alcohol o drogas muestra en primer plano
una de las conductas más peculiares y enigmáticas
del ser humano: el consumo. Incorpora a su organismo sustancias
químicas con el propósito de que actúen
en su cerebro y modifiquen su estado de ánimo y su nivel
de conciencia.
El efecto fundamental de las sustancias adictivas ocurre en
el mundo de los sentimientos y de los afectos, y de ahí
su capacidad para aniquilar la humanidad del consumidor. La
anestesia de las emociones y afectos es el punto de partida
de la pérdida del vínculo del consumidor con la
realidad, consigo mismo, con su familia, con sus amigos y colegas,
con la espiritualidad y los valores éticos. Todas las
dimensiones temporales de su vida psíquica, -pasado,
presente y futuro-, son invadidas por el sufrimiento. Su autoimagen
se deteriora y debilita. Los rígidos mecanismos de defensa
que desarrolla ante el dolor le alejan progresivamente de la
realidad y le conducen al terreno de la enfermedad mental. Como
un juego y sin darse cuenta, transitan de la diversión
al sufrimiento y a la enfermedad.
La familia cuyos nexos afectivos son incondicionales, experimenta
un sufrimiento emocional que imita a la perfección lo
que ocurre en el mundo interior de su ser querido que se encuentra
afectado, es casi como que ellos mismos estuvieran en consumo.
La autoestima de quien consume se deteriora al no poder controlar
el consumo, y del mismo modo se compromete la del familiar por
no lograr controlar a su ser querido. De manera inadvertida
y movilizado por su afecto y amor, el familiar codependiente
adopta roles que favorecen la progresión de la enfermedad.
El descubrimiento de la codependencia ha sido un aporte fundamental
de la terapia familiar en el diseño de métodos
eficientes de rehabilitación. Por su singular importancia,
el compromiso de la familia en la adicción es un elemento
que nos detendremos en detalle.
La recuperación sigue el camino inverso a la enfermedad,
la abstinencia y la terapia permiten que el paciente y su familia
recuperen en forma paralela una vida emocional sana y productiva.
Prevenir la recaída es fortalecer esta salud emocional
y los vínculos de la persona rehabilitada, logros que
sólo son posibles con la participación permanente
y activa de la familia.
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