Introducción
Un desafío reveldor
Escoger algunas de las mejores casas aparecidas en los últimos
años en “Vivienda y Decoración”
implica cierto riesgo. Como toda selección, conlleva
una dosis de arbitrariedad y excluye muchos proyectos valiosos
que se han publicado semana a semana y que han hecho de la
revista un producto líder en el mercado editorial.
En este libro no primaron criterios estrictamente arquitectónicos
o decorativos aunque ellos, por cierto, estuvieron presentes.
Lo que guió la elección final fue más
bien una mirada periodística, que permitió reunir
y agrupar estas 42 casas, darles un sentido y enmarcarlas
en un cierto estilo de vida, una moda, un trabajo de autor
o un lugar geográfico.
Es resultado es también revelador. Volver a mirar y
releer las páginas de la revista, ahora con el objetivo
de elegir, va dando un panorama de cómo la casa representa,
en toda época y en distinta medida, los sueños
individuales, las necesidades, las definiciones personales
y las aspiraciones de quienes la habitan.
Nuestra casa es nuestro refugio y, a la vez, un reflejo de
nosotros mismos y de cómo queremos proyectarnos al
resto. Tanto el barrio que escogemos, como la arquitectura
e incluso la manera en que usamos los espacios y elegimos
los objetos que los ambientan dan cuenta de esa necesidad
por definir un modo de vida. Sin pretender transformarse en
una compilación de estilos, “Espacios”
permite intuir que existen ciertas tendencias. Y en eso quizás
radica el mérito de una publicación de casas
hecha por periodistas y no por arquitectos o decoradores.
Este libro se fue haciendo en el tiempo, sin la intención
de convertirse en libro. Es un libro sacado de las páginas
de una revista. Un texto que resume la labor de varios años
de indagar, por ejemplo, por qué algunas parejas jóvenes
prefieren volver a los barrios de su infancia, reciclando
casas viejas, cuyas maderas crujen bajo suspies, en vez de
optar por edificaciones nuevas; o de descubrir que la necesidad
de rodearse de arte, diseño y arquitectura ya no es
exclusiva de unos pocos; y de registrar la manera en que algunos,
valorando sus propios gustos y contraviniendo modas, hacen
de sus casas una suerte de espejo de su historia y de sus
nostalgias, llenándolas de recuerdos.
Finalmente, hay en esta muestra un criterio estético
y un afán de ensoñación, que van más
allá de consideraciones intelectuales, y que sólo
tienen que ver con el placer. El placer de disfrutar de lo
bello y de sorprenderse con ese don, que sólo algunos
tienen, de imaginar, elegir, transformar y mezclar –con
gracia y estilo personalísimos– formas, colores
o texturas aparentemente irreconciliables.
Quienes nos abrieron las puertas de sus casas lo hicieron
en un acto de confianza, permitiéndonos entrar en esos
espacios de intimidad. Fueron además muy generosos,
porque accedieron a que otros pudieran inspirarse en la atmósfera
que eligieron para sí mismos. Les agradecemos profundamente
por ambas cosas.
Constanza López Galilea
Sub Editora de Revistas de El Mercurio
Paula Véliz García
Editora de Revista Vivienda y Decoración
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