Mi visión. Cómo empresarios, trabajadores y políticos cambiamos el país.
Eugenio Heiremans D.
 
Prólogo    (1/2)

Sentí una profunda satisfacción y emoción cuando recibí el llamado del querido amigo Eugenio solicitándome que aceptara la invitación, a su juicio molesta, de escribir el prólogo de sus memorias como también presentarlas al momento de su edición. Por supuesto, la invitación la acepté de inmediato. Experimentaba satisfacción porque considero un inmerecido honor cuando en las páginas de sus memorias surge una gran cantidad de personajes que se han entrelazado con la vida y la experiencia de Eugenio, y todos ellos de la más alta estatura.

Emoción porque en la decisión de él no podía haber otra razón que la muy noble amistad que hemos construido desde los tiempos en que ambos ejercíamos responsabilidades en la Escuela de Negocios de Valparaíso; Eugenio como miembro de la Junta Directiva, y yo como profesor y director.

Asumo la petición con mucho entusiasmo. Recorrer las páginas de Mi visión: cómo empresarios, trabajadores y políticos cambiamos el país, constituye una experiencia de gran enriquecimiento histórico y humano. Eugenio Heiremans ha sido testigo y actor de los hechos más relevantes acontecidos en el país a partir de la década de los cuarenta y su labor es de innovación, creación, difusión y de permanente testimonio, todo ello fundado en lo que constituye su referencia fundamental: la tarea de la libre empresa y el rol que le compete al empresario en cada una de las diversas dimensiones que le exige su proyección en el orden de la sociedad.

Eugenio es testigo del importante cambio que experimenta la estrategia económica del país al iniciarse la década de los cuarenta. La crisis de los años treinta y, posteriormente, las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial colocan el papel del Estado en un lugar central de la actividad económica, no sólo en cuanto a entregar las señales para la acción privada, que son cada vez más distorsionadas, sino, en esos años, a la tarea directa tanto en la fijación de precios como en la propiedad de las más importantes actividades productivas.

Eugenio recoge en las primeras páginas de sus memorias lo acontecido durante los gobiernos radicales y luego el gobierno del Presidente Ibáñez del Campo y observa, en el desempeño de cada uno de ellos, cómo comienza a surgir una presión social de intervención política en los actos más propios de la actividad económica. Surge luego la figura de quien él considera su auténtico maestro, el Presidente Jorge Alessandri Rodríguez, quien intenta imprimir sellos distintos a sus tareas de gobierno, pero que sucumbe a las demandas originadas como consecuencia de solicitar los apoyos de partidos políticos más preocupados de satisfacer intereses particulares y corporativos, que los de la nación como un todo. Ya en esa época Eugenio, empresario y dirigente gremial, inicia su rol de actor y muestra su preocupación por la cosa pública, la que se acrecienta en los difíciles periodos de Eduardo Frei Montalva y luego Salvador Allende. Destaca Eugenio, de esos años, un hecho muy importante que curiosamente hoy no sólo se quiere desconocer, sino también distorsionar en la reescritura de la historia de nuestro país. Hoy se dice que la reforma agraria fue el necesario anticipo a la muy significativa expansión agrícola que muestra el país como consecuencia de apertura a mercados competitivos.

Hace bien Eugenio cuando nos recuerda en su relato una de las reformas estructurales aplicadas durante el primer gobierno de la Democracia Cristiana: la reforma agraria que busca el debilitamiento del derecho natural de la propiedad privada como un primer anticipo para encaminar a Chile hacia una sociedad socialista. Paralelamente, nos expresa la ingenuidad de importantes sectores de la vida nacional que veían en ese hecho algo aislado que no requería mayor preocupación. La visión de Eugenio era, sin lugar a dudas, la certera. Él presentía que detrás de esa ambición de ampliar el poder económico del Estado estaba el fin más importante para el pensamiento socialista, que es el dominio total del poder político. Eugenio es actor principal en la defensa de los valores fundamentales y su coraje empresarial lo refleja en su acción categórica frente a gobiernos que sólo pretendían subordinar la acción de la iniciativa privada, circunscrita a espacios cada vez más estrechos, a las finalidades políticas que ellos perseguían.



 
 
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