Prólogo
(2/2)
Eugenio Heiremans es nuevamente actor en el proceso de profunda rectificación política, económica y social que se inicia el año 1973, cuando asume el Gobierno Militar. Animado por sus principios permanentes ocupa lugares principales en la restauración de la propiedad privada, en la formulación de los primeros proyectos de apertura, en la apreciación en cuanto a que no es posible obtener beneficios económicos sin incurrir en costos, en la voluntad para encararlos, en la imperiosa necesidad de respetar los roles que le competen al Estado en un orden de subsidiariedad. Así, la tarea de Eugenio durante ese importante período en la historia de Chile es, una vez más, muy significativa. Sin embargo, fiel a su convicción que su capacidad principal está en la acción empresarial, jamás quiso aceptar responsabilidades gubernamentales.
Fui testigo de esa consecuencia cuando, ejerciendo cargos ministeriales le solicité, por encargo del Presidente Pinochet, que aceptara responsabilidades similares en diferentes carteras. Su respuesta fue la misma que en otras ocasiones: «Mis capacidades y mis tareas están en el sector privado». Demostró, como lo dice en las páginas de sus memorias, que hay que saber decir que no, cuando ese no está fundamentado en el auténtico reconocimiento donde focalizar aptitudes y deseos personales.
El país vuelve a la plenitud de la democracia y Eugenio sigue en su rol de actor principal. Su palabra estará presente en numerosas ocasiones para manifestar aspectos positivos, pero también convocando a la cautela y ejerciendo la voz de alerta cuando observa amenazas que de alguna manera atentan al ejercicio de la libre iniciativa.
La vida de un empresario por supuesto que no es sólo la empresa. Detrás de la acción empresarial hay una formación, una familia, colaboradores y obras que deben trascender, tanto en la acción del emprendimiento como también en las más distintas manifestaciones del espíritu, que en el caso de Eugenio son la pintura y la música.
Eugenio reconoce en su formación tres pilares principales: sus padres, su formación escolar en colegios privados y el Instituto Nacional y luego su paso por la Escuela Naval, que le entregó el rigor y la disciplina. En esos tres pilares se fundamentan, como él lo dice, sus dos propósitos de vida: Dios y la Patria. En ellos ha encontrado Eugenio la consecuencia entre su pensamiento y su acción multidisciplinaria. La familia ha constituido su preocupación y su lugar de afectos y cariños.
Encontró en la querida Olivia la mujer que lo admiró y lo estimuló cuidando de los quehaceres de madre y esposa en una forma ejemplar que siempre se recuerda. En sus hijos ha sentido Eugenio la satisfacción de su proyección de familia y a cada uno de ellos los ha encaminado y apoyado en la búsqueda de sus respectivas y ricas individualidades. Hoy en sus nietos y bisnietos encuentra el sentido de hogar tan requerido en la vida de una persona que tiene la convicción de un destino superior. En el trabajo, como él también lo destaca, sus colaboradores han sido su principal preocupación. Reconoce en el ser humano no al recurso, sino el auténtico capital que requiere de las condiciones adecuadas para que exprese la totalidad de su potencial. Y, por último, están las obras que trascienden y entre ellas la principal y la de sus más profundos afectos: la Asociación Chilena de Seguridad, obra de trayectoria y proyecciones más significativas para la vida de los trabajadores del país, pionera y líder en todos los aspectos vinculados al servicio de su seguridad social. Ése es el lugar donde Eugenio encuentra el camino para expresar su más auténtica vocación empresarial.
Las páginas que hemos recorrido nos dejan esa rica sensación de haber aprendido de una trayectoria que deja testimonios y ejemplos, que ilustra una acción de emprendimiento inspirada en valores éticos y en la cual la formación espiritual trasciende en el carácter de las obras que se despliegan. Eugenio nos ha mostrado que junto con crear una familia y plantar un árbol en sus campos de Mulchén ha logrado escribir un libro que deja de manifiesto cómo, cuando se unen voluntades de empresarios, trabajadores y políticos, se posibilita que una sociedad logre su legítima aspiración de prosperidad.
Eugenio puede sentir la seguridad de que cuando se terminan de leer sus memorias, deja la más absoluta certeza de que hemos tenido el privilegio de encontrarnos con una persona que, como él lo dice, «cree mucho en Dios y que siempre ha dado lo mejor de sí en beneficio de su país y sus semejantes».
Carlos F. Cáceres C.
Santiago, julio 2008
 |
|
|