Contra la corriente
Hermógenes Pérez de Arce
 

Prólogo    (1/2)

“…Luchar por el bien sin dudar ni temer
Y dispuesto al infierno arrastrar si lo ordena el deber…
De pie, soportar el dolor
Amar, la pureza sin par
Buscar la verdad del error
Vivir con los brazos abiertos
Creer en el mundo mejor
Ese es mi ideal, la estrella alcanzar
No importa cuán lejos se pueda encontrar

Y yo sé que si logro ser fiel a mi sueño ideal
Estará mi alma en paz al llegar de mi vida al final
Si hubo quien despreciando el dolor, combatió hasta el último aliento
Por ser siempre fiel a su ideal…”.

(Traducción tomada de la canción principal de El Hombre de la Mancha, obra musical de Dale Wassterman (texto), Mitch Leigh (música) y Joe Darion (letra), basada en la vida de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.)

Este libro es más –mucho más– que un testamento que nos lega la indomable valentía y compenetrante perspicacia de nuestro Don Quijote, Hermógenes Pérez de Arce. Las trescientas columnas que resuenan en las páginas de este libro son como una Lámpara de Diógenes, iluminando las agobiadas verdades de la historia de Chile, a lo largo de estos últimos veinte años.

El historiador futuro que no las consultara –de hecho, que no consultara las mil doscientas que ha escrito en su carrera de columnista de casi un cuarto de siglo– se haría cómplice de La Gran Mentira que ha venido adueñándose cada vez más del discurso público en Chile. El gran pensador norteamericano del siglo XIX, James Russell Lowe, se refirió a una patética situación que vivía su país y que se asemeja a la de Chile de hoy, “donde la verdad siempre está en el patíbulo, el mal siempre en el trono”.

La evocación de Don Quijote como punto de referencia a la obra de Hermógenes dista mucho de ser una imprudente superficialidad. Atendamos la frase de Mario Vargas Llosa, en su provocativo prólogo a la estupenda tetracentenaria edición de la obra maestra de Cervantes, donde reflexiona sobre la idea de la libertad de Don Quijote: “Lo que anida en el corazón de esta idea de la libertad es una desconfianza profunda de la autoridad, de los desafueros que puede cometer el poder, todo poder...”.

¿Cómo leer esas líneas y no reconocer la incansable lucha de Hermógenes Pérez de Arce contra el poder en este país, sobre todo el inmenso (y poco advertido) poder amasado por la Concertación –un poder vitoreado mucho más que vigilado por los medios cada vez más complacientes de comunicación en Chile (y el mundo entero, cuando se molesta en echar un vistazo a Chile)?

 
 
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