Inteligencia emocional en el liderazgo
Nureya Abarca
 
Introducción    (1/6)

El liderazgo emocional

Un líder debe saber inspirar, despertar pasión y compromiso por el trabajo. Cuando tratamos de entender por qué algunas personas son tan efectivas en su gestión nos centramos principalmente en algunos elementos racionales como su estrategia, visión y conocimientos, factores claves en llevar prosperidad a las organizaciones. Sin embargo, en los tiempos actuales, en que el papel del trabajador en la nueva organización ha cambiado tan radicalmente, empiezan a surgir con fuerza las necesidades emocionales.

En este entorno de negocios diferente, que presenta desafíos sin precedentes para las empresas, debemos empezar a considerar al capital humano como el recurso más importante para conseguir el crecimiento y desarrollo en un país. Es en la persona donde radica la posibilidad de acumular el conocimiento, de dar saltos en la innovación y de movilizar las voluntades de quienes componen una organización.

Los cambios al interior de las empresas, especialmente en el área de las relaciones laborales, son particularmente difíciles porque tienen que ver con las personas, sus valores, actitudes y formas de comportamiento, todo lo cual está profundamente enraizado en sus modos de ser. Por ello, es común observar que los trabajadores no se percatan de la necesidad del cambio, o se resistan a él, debido al impacto que éste tiene en sus vidas.

Por otro lado, las relaciones laborales dependen en gran medida del contexto histórico, particularmente de los cambios en los ámbitos social, político, económico, legal y cultural, los que son comunes a muchos países. En la primera mitad del siglo, al experimentar una industrialización, los países cambiaron sus relaciones laborales. Durante este período, las relaciones laborales se basaban en una clara jerarquía, la confianza mutua y un profundo sentido de lealtad entre el trabajador y la empresa.

De la organización de hoy se dice que es plana (enfatiza la disminución de la jerarquía), en red externa (con otras empresas, como proveedores y clientes), en red interna (formando equipos de trabajo que cruzan los límites de las unidades organizacionales), flexible (con distintos tipos de contratos), diversa (favorece la diversidad de la fuerza de trabajo, sobre todo si tiene que operar en distintas culturas) y global (que opera en distintos países del mundo).

De este modo, las jerarquías se están transformando en redes de trabajo; la mano de obra y la gerencia se unen en equipos; los sueldos ingresan en nuevas mezclas de opciones, incentivos y participación; la capacidad laboral fija cede paso al aprendizaje perpetuo y los trabajos fijos se transforman en carreras fluidas.


 
 
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