Inteligencia emocional en el liderazgo
Nureya Abarca
 

Introducción    (2/6)

En una investigación realizada en diez empresas chilenas (Majluf, Abarca & Rodríguez, 2000) se analizaron los principales cambios experimentados en los últimos años. Los resultados muestran que las empresas han estado implantando nuevas formas de organización radicalmente distintas a las que existían y que los mayores cambios se presentan en la forma de conducir sus relaciones laborales. De este modo, las empresas esperan poder responder a los desafíos del nuevo entorno de negocios, la competitividad en los mercados globales y las exigencias de los nuevos empleados.

Los resultados de este estudio mostraron cambios importantes en el diseño del cargo y las prácticas de trabajo; en la educación, la confianza en sí mismo y la asertividad del nuevo trabajador. Otras variaciones significativas se observaron en la relación entre el trabajador y la empresa, las relaciones de los trabajadores entre sí y el rol de los sindicatos. Algunos de estos cambios han sido ampliamente acogidos, mientras que otros son apenas tentativos, pero todos ellos comparten y tiene en común el que pueden afectar de un modo fundamental las prácticas que hoy prevalecen en las relaciones laborales.

Estos nuevos desafíos en las relaciones laborales requieren de nuevas formas de liderazgo. Las capacidades que los líderes necesitarán en el futuro diferirán radicalmente de las que se aprecian en la actualidad. Hace una década no figuraban entre las prioridades aptitudes tales como la autoconfianza, la credibilidad e integridad, la comodidad en la ambigüedad, la apertura al cambio, la alta motivación de logro, el optimismo aun ante el fracaso, el compromiso con la organización, la habilidad para estimular y retener el talento, la sensibilidad a distintas culturas y la habilidad para conducir grupos. Ahora, cada día interesan más estas capacidades.

Las personas que integran estas nuevas organizaciones son también diferentes y los resultados de la investigación en este campo nos muestran cambios relevantes en la educación, la confianza en uno mismo y la asertividad del nuevo trabajador. Todas estas transiciones nos indican un aumento del valor de las habilidades sociales relacionadas a la inteligencia emocional.
Ante la permanente necesidad de servir bien a compradores y clientes, y de trabajar con creatividad estable en grupos de personas cada vez más diversas, las capacidades relacionadas con la inteligencia emocional resultan tanto más esenciales.

Conforme cambian las empresas también cambian los rasgos que las personas necesitan para sobrevivir, por no decir para destacarse. El incremento de las presiones competitivas otorga nuevo valor a los individuos con motivación interna, que tienen iniciativa, deseos de esmerarse y optimismo suficiente para tomar con calma los contratiempos y obstáculos. En el plano individual es posible identificar, evaluar y desarrollar los elementos de este tipo de inteligencia.

 
 
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