Inteligencia emocional en el liderazgo
Nureya Abarca
 
Prólogo    (1/6)

Acerca del liderazgo ejecutivo: Lo formal y lo sutil en la gestión
En este mundo moderno, la sensación de inestabilidad perturba a la gente. Resulta difícil de manejar. Cuesta vivir en medio de la incertidumbre. Sin embargo, tenemos que aprender a lidiar con estas condiciones. Son parte del mundo actual.

¿Cuánto deben importar estos temas al presidente de una empresa o a sus gerentes? Mucho, porque a la hora de los negocios, está claro, no hay buenos resultados sin gente motivada. O, dicho de otra forma, los logros de una empresa siempre estarán ligados al cómo se siente su gente.

Antes se decía que “los problemas de la casa no debían entrar a la oficina”. Nada más lejos de la realidad. ¿Cómo ignorar que se dejó un hijo enfermo en casa? ¿Cómo sacarse de la cabeza que mañana se debe cancelar un compromiso financiero y no se cuenta con los recursos para hacerlo? Los problemas personales afectan profundamente el desempeño en el trabajo.

No está en la mano de los ejecutivos hacer la felicidad de su gente, pero es su deber profesional reconocer los temas que afectan el comportamiento y el estado de ánimo de sus trabajadores. La alegría de vivir es también un ingrediente de los negocios. Es que, en último término, el optimismo de las personas se traduce en una mayor productividad.

Liderazgo formal y sutil
Lo formal y lo sutil son dos formas de hacer gestión, dos formas de ver el mundo, dos formas de entender la vida. La gestión formal se refiere principalmente a los sistemas y procesos que las empresas utilizan para mantener la coordinación de sus actividades. Los más relevantes son el sistema de planificación, la estructura organizacional, los sistemas de control de gestión y remuneraciones, y los sistemas de comunicación e informaciones.

La gestión sutil es muy distinta y también debe estar presente en la mente del ejecutivo para dirigir su empresa hacia los objetivos estratégicos que se han planteado para la compañía. Las personas no sólo se mueven por las remuneraciones e incentivos monetarios. También se entusiasman cuando sienten satisfacción por su trabajo y avanzan en su desarrollo profesional y personal. La motivación es “intrínseca”, viene del ámbito interior.

 
 
  Términos y Condiciones de la Información
© El Mercurio