Inteligencia emocional en el liderazgo
Nureya Abarca
 
Prólogo    (2/6)

El trabajo se hace bien porque uno se siente a gusto. Si el desempeño no es el correcto, uno mismo es su crítico más implacable. El análisis de sí mismo resulta aún más importante que el juicio de otras personas. Es conocida la historia del gran artista que fue Miguel Ángel, a quien le preguntaron por qué se esmeraba tanto en pintar el techo de la Capilla Sixtina si nadie lo podría ver con claridad; su respuesta habría sido que eso no le importaba, porque él sí lo podía ver.

El líder quiere empleados que “suden la camiseta”, pero utiliza para ello recompensas monetarias; busca lealtad, pero propone incentivos ligados a la productividad; genera entusiasmo con su visión y fuerza, pero selecciona y promueve sólo a los que son bien evaluados. La motivación surge de factores extrínsecos (ligados al cálculo que hace la razón) e intrínsecos (asociados a sentimientos como la emoción y el afecto). La buena gestión navega entre estas dos aguas.

El liderazgo en la toma de decisiones
La formación profesional universitaria en materias de gestión enfatiza la racionalidad en la toma de decisiones. En primer lugar, se plantea el problema con claridad, se definen alternativas de solución, se recoge toda la información pertinente, se ponderan los pros y los contras de cada una de ellas, y se toma la decisión más conveniente en función del balance de beneficios y costos. El proceso es claro. Esto, por ejemplo, lo hacemos todas las veces que presentamos una evaluación técnico-económica de un proyecto. Es el método científico.

Pero quien cree que todas las decisiones deben tomarse así, no va a ser un buen ejecutivo y, menos aún, un buen empresario. Hay veces en que no entendemos con claridad el problema, no tenemos cómo reconocer las variables más relevantes del entorno y su impacto sobre la empresa, la información disponible es precaria y el tiempo para llegar a una decisión es escaso. William Pounds, profesor de MIT, decía que “el juego de los gerentes es tomar decisiones con información incompleta… y ganar”.

Más importante aún, el líder debe saber manejar el proceso de toma de decisiones. Lo sutil también tiene que ver con nuestra capacidad de entender los intereses diversos y muchas veces contrapuestos de los distintos actores que se ven afectados por las acciones y decisiones de una empresa u organización. Una decisión que considera a los “stakeholders” tiene mayores posibilidades de ser exitosa, puesto que toma en cuenta los intereses y necesidades de otras audiencias relevantes, y así se evitan los tropiezos en la implementación. Esto puede ocurrir como un “proceso político” (“advocacy”) o un “proceso de colaboración” (“inquiry”).

 
 
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