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Otras
improvisaciones
David Gallagher
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Prólogo
(2/5)
¿Qué pudo llevar a quien iniciaba
una carrera académica e intelectual con tan excelentes
auspicios como David Gallagher a abandonarla de la noche a la
mañana para saltar de los sosegados claustros de Oxford
a las trepidantes oficinas de la City y hacerse banquero? Es
algo que él no ha explicado ni probablemente explicará
nunca, fiel al doble mandato de discreción de sus ancestros,
pues los chilenos, en lo que se refiere a hacer confidencias
y a volcar la intimidad, suelen ser tan parcos como los ingleses.
Y en David Gallagher esa sobriedad ha cristalizado en algo que,
por períodos, se confunde pura y simplemente con la mudez:
es la única persona que conozco capaz de divertirse en
grande toda una noche sin decir ni mus. Todavía me encuentro
a veces con amigos de aquellos años ingleses que me preguntan,
rascándose el cráneo: “¿Averiguaste
por fin el secreto de David?”. No, y ahora sé que
nunca lo averiguaré.
La sorpresa se acrecentó todavía más, en
los años siguientes, cuando supimos que el tránsfuga
de Oxford, en vez de ser triturado y romperse las narices en
la City, que es lo que le hubiera ocurrido a cualquier literato
normal que reemplazara el benigno cultivo de las ideas y las
letras para aventurarse por el campo minado de las finanzas,
no sólo había sobrevivido, sino, en un período
bastante corto, alcanzado en su nueva profesión tantos
éxitos como en la anterior.
Representando, primero, a bancos de inversión y compañías
financieras internacionales en América Latina, y, luego,
trabajando de manera independiente como consultor, David Gallagher
alcanzó una situación personal expectante y una
reputación que, entre otras responsabilidades, lo ha
llevado, en los últimos tiempos, a ser uno de los directores
del Banco Central de Chile.
Y, felizmente, lo que a muchos nos pareció al principio
una lamentable apostasía, no lo fue. Más bien,
el enriquecimiento de una vocación de cultura de alguien
que nunca aceptó que la poesía y la prosa literaria
pudieran ser una especialidad, un territorio cercado por alambradas,
sino un punto de partida para entender mejor el mundo, la vida,
y poder acercarse, sensibilizado y con la imaginación
azuzada por la buena literatura, a todas las otras manifestaciones
de la creatividad humana, las artes plásticas, la música,
la economía, la filosofía, la política.
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