Principios de jardinería
Raúl Silva
 
Introducción    

El Hombre no puede vivir sin las plantas. La planta, cualquiera que sea, toma la energía solar y la transforma en azucares, proteínas, vitaminas, remedios y múltiples productos derivados de ese milagro llamado fotosíntesis.

El resto de los seres animados del Reino Animal le deben su ser, igual que el hombre, al Reino Vegetal.
Por eso, el Hombre y la Mujer, aparecen en el Paraíso, el JARDÍN BÍBLICO. No aparecen en el desierto, tampoco entre los hielos eternos; sino rodeados de árboles y animales; corresponde al “Hortus” latino.
Es el huerto original donde está el árbol del conocimiento y el árbol de bien y del mal…

Así, una vez completada su obra de creación, Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara (Gn 2: 15); le señaló que pusiera nombre a las criaturas que veía; acto supremo del hombre, NOMBRAR, llamar; es como una potestad divina que solamente el hombre está autorizado para hacer.

Por eso, no le llame la atención los nombres de las plantas. Es un sistema inventado por Carl von Linné, botánico sueco (1707 – 1778) llamado binomial, el primer nombre corresponde al apellido de las personas y el segundo, al nombre propio. El apellido es el género botánico que pertenece a una familia. Muchas veces el género también señala características, indica algo. Hay unas, como las leguminosas que son conocidas en el mundo entero y con varios géneros comestibles: garbanzos, lentejas, porotos, chícharos. El nombre propio es a veces, una característica, una toponimia, el apellido, o nombre de una persona.

Unos pocos ejemplos:

Salix chilensis, sauce chileno
Caesalpinea spinosa, “tara”, spinosa se refiere a que su tronco y sus ramas tienen espinas
Berberis darwinii, “Michay”, arbusto chileno dedicado a Carlos Darwin (1809 – 1882)
Lapageria rosea, Copihue, el primer nombre es decir, el género botánico, dedicado a Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerie (1769 – 1814), la primera mujer de Napoleón Bonaparte. El segundo nombre, “rosea” se refiere al rojo, así es “copihue rojo”, flor nacional de Chile.

Otra complicación, es que los nombres de las plantas vienen en latín o en griego y se escriben en negrita, subrayadas o en cursiva para diferenciarlas y destacarlas del resto de la escritura.
Y deja de ser complicación cuando uno busca métodos pnemotécnicos para memorizar y así mantener las células cerebrales en constante vigencia.

En esta nueva edición, recalco la necesidad de jardinear, como catarsis, como encuentro con la naturaleza, como sentir que las manos se ponen agrias de tierra; apreciar los arañazos de una rosa cuando se la poda.



   
 
 
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