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La
vida a dos columnas
Paula Serrano y Juan
Pablo Díaz |
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Prólogo
(2/2)
En un tiempo tan especial como este, lleno
de exitismo a costa de cualquier daño a otro, perdonar
es un verbo difícil de conjugar. Este libro ayuda a eso.
Esta escala, a veces larga y tediosa hacia ser para los demás,
clara evidencia del texto, se enseña suavemente entre
estas páginas y, en una especie de magia el hombre se
convierte en hijo y por ser buen hijo, en padre compasivo y
amoroso; y por ser buen padre y buen hijo, en un hombre más
humano, capaz de compartir con el cónyuge y ser para
éste, alero y refugio.
La vida a dos columnas, con la alegría del que sabe y
la suavidad del que enseña, muestra que ser humano implica
un trabajo arduo para hacer compatibles la energía con
la suavidad y la dulzura; la audacia con la prudencia, la sensibilidad
con la franqueza, la valentía con la compasión.
Ser hombre y ser mujer es tener la capacidad de ejercer la libertad
pensando con cabeza propia, es saber romper amarras y respetar
la opinión de otros. Es poder ser libre ante las personas
y las cosas, poder vivir conforme a las exigencias del propio
yo y tener la libertad moral donde impere la voz de Dios y no
la del instinto.
Ser hombre y ser mujer es detentar, una gran capacidad de protección
para otros seres, irradiar una ternura y un equilibrio que permita
a estos seres sentirse protegidos sin que sea necesario para
ello la violencia, las armas o la fuerza. Es poseer una capacidad
de protección tal, que exhale sencillez, acogida cordial,
serenidad y cortesía. Es, en fin, tener en cuenta el
cansancio de otros, el respetar su dignidad, rendir honor al
hombre y no desplazarlo por las cosas; es reconocer en el semejante
la virtud y el valor y hacerle sentir que se le estima.
Ser así es un valor que logra, en la cúspide de
la madurez, tener el alma de un niño y la serena quietud
de un atardecer.Es tener la capacidad de ser compañero
de juegos de un pequeño y consejero veraz de otro hombre
con recta independencia en el pensar y con sinceridad intelectual,
priorizando los valores y teniendo el sentido de la complejidad
de la vida.
Ser humano, en fin, es tener delicadeza y sensibilidad de corazón,
hacer el bien, servir al débil y ser sincero y digno
de crédito.
Es tener calma, paciencia y comprensión en la adversidad
y sencillez en el éxito.
Y eso muestra este libro moldeado con finura, claridad y brillo
por dos profesionales que en lo suyo han entregado estos valores
a cuantos los han conocido en salud y enfermedad.
En lo personal, agradezco que me hayan honrado pidiéndome
prologar este hermoso libro cuya lectura me ha conmovido alma,
intelecto y corazón.
Dr. Santiago Soto Obrador
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