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Lo
mínimo indispensable
Felipe Berríos
S.J. |
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Introducción
(1/2)
Escribiendo un artículo sobre la Compañía
de Jesús para la revista El Sábado de
El Mercurio, fue que me encontré con Felipe
Berríos, un jesuita al que muchos consideran “mediático”,
como se dice ahora, porque tiene la misma virtud que su hermano
mayor, el sacerdote Renato Poblete: sabe comunicar con entusiasmo.
Tanta es la llegada de Berríos que una de las muchas
entrevistas que le han hecho lleva como título: “Felipe
Superstar”. Y, aunque a él lo haya puesto un poco
nervioso la frase, es evidente que refleja medio a medio lo
que es este jesuita de bototos tarreados y entierrados.
Alumnos y ex alumnos del colegio San Ignacio y del Infocap (“la
universidad de los pobres”) saben de su oratoria franca,
simple, pero que muchas veces logra ser conmovedora. No en vano
es “religioso” lector de poesía y en ese
primer encuentro periodístico que tuvimos se recitó
a Machado de corrido, tal como nos entretuvo (o se entretuvo
él) mostrándonos la trampa que había ideado
para proteger la casa que comparte con otros dos jesuitas en
una población del sur de Santiago.
Se trata de un artilugio que lanza un chorro de agua fría
al que quiera abrir la puerta a la mala. Dudo que alguna vez
cumpla el propósito para el que fue creada, y estoy segura
que no está lejos el día en que mojará
a alguna de los legítimos moradores de la vivienda excluyendo,
claro, a su inventor.
Amante de las herramientas más básicas nacidas
de la inventiva humana –en especial de los serruchos,
los martillos, los taladros-, Felipe Berríos oculta un
tesoro en los patios de Infocap: un Tololo propio. Con ayuda
de los alumnos, logró construir un pequeño observatorio
astronómico donde cada vez que puede mira las estrellas
y se pierde en la inmensidad del cosmos. Y esta imagen, la del
tipo trabajando con sus manos para conseguir elevarse a las
estrellas, lo refleja tan bien como el título ese que
lo incomodó: Felipe Superstar.
Con todo esto, su nombre cayó de cajón cuando
hubo que pensar en alguien que escribiera un ciclo de doce columnas
para nuestra sección “Felicidad a la orden”,
orientadas a los jóvenes.
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