Los amantes se van al cielo (y al infierno también)
Eugenia Weinstein
Notas de prensa    (2/4)

Le ponemos poco empeño, y tenemos tantas cosas en contra. Las exigencias laborales, las ciudades grandes, el tráfico salvaje, la familia extendida que está lejos. En esta época en que se valora tanto la independencia, el nivel de dependencia respecto de un único vínculo es impresionante. Le estamos pidiendo a la pareja que sea todo para nosotros, que supla todas nuestras necesidades y que adivine nuestros deseos. Queremos vivir en una plenitud permanente.

Pero uno no quiere a nadie las 24 horas del día, ¡ni a sus hijos! ¿Por qué, entonces, esperamos que la vida en pareja sea absolutamente brillante? Muchos ven que sus expectativas no se cumplen e interpretan las dificultades como una señal de que lo suyo no es amor verdadero. Pero el amor implica contradicciones, conflictos, ambivalencias. Toda pareja pasa por períodos de baja de deseo, de incomunicación, de dolor, de distancia, de ajenidad, como también de encuentro, de goce, de éxtasis.

Tampoco es cosa de decir: sufro, luego amo, como esas personas que cuando las dejan plantadas y lloran, se empeñan en pensar que están enamoradas. Hay que discriminar aquellas cosas que te hacen daño de las vicisitudes del sentimiento amoroso.

Hoy vemos cómo muchas parejas no toleran las dificultades. Eso ocurre, en parte, porque la gente se pasa dos años preparando la ceremonia y no se pregunta lo que implica vivir juntos, día tras día. A qué hora te gusta usar el baño, a qué hora te despiertas, a qué hora te duermes, si te gusta leer en la noche, si vamos a tener televisor en la pieza, si quieres compartir una misma pieza. Las camas matrimoniales son un invento de fines del siglo XX. Antes, si las personas tenían medios, tenían piezas separadas, y si no, tenían dos camas. Ahora, se achicaron las casas y las familias, la pareja está más sola, en la misma pieza, y todo esto en un período en que el matrimonio supuestamente es por amor. Antes, cuando no era por amor, la gente tomaba muchos más resguardos prácticos.

Ya que estamos dispuestos a discutir dos años sobre los preparativos, ¿por qué no aprovechar este tiempo para hablar de la vida que vamos a vivir después? Podemos querernos mucho, pero tenemos diferencias. Hay que saber ponerse de acuerdo, aprender a complementarse. Hay personas que con mucha intimidad se diluyen, se ahogan y tienen que retirarse, y otras que requieren una intimidad continua. A algunos les gusta estar solos, y hay otros que ante el mismo escenario se angustian.


 
 
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