 |
|
 |
Marcha
atrás
Patricia Poblete
|
|
 |
 |
Notas
de prensa (1/2)
Seis personajes en busca de autor,
25 de noviembre 2005
Revista de Libros
De Pablo, el inmaduro protagonista de Marcha atrás,
primera novela de Patricia Poblete, no sabemos nada, salvo que
es un reportero aburrido de su trabajo, al cual renuncia para
emprender un viaje a Europa. Más adelante, nos enteraremos
de algunos detalles, casi bosquejos de su vida familiar; también
sabremos que tuvo una pareja, Loreto, a quien había tratado
en el diario el verano que ella llegó a hacer su práctica,
cuando se la asignaron como compañera para fascinantes
labores: redactar notas y compartir horas de espera con el fin
de entrevistar a parlamentarios en campaña o durante
las carreras en radiotaxi hasta las oficinas del periódico.
Ella estaba muy segura de lo que quería conseguir; eran
cosas tan normales como un buen empleo, proyecciones, un marido,
una casa, hijos. Pablo, en cambio, apenas tiene idea dónde
está parado. Las peculiares e inauditas aventuras que
experimentará en Marcha... lo harán cambiar, manteniendo,
mal que le pese, su esencial condición de extranjero
en el mundo, su falta de pertenencia a algo, su desarraigo.
Y esta breve, amenísima y muy bien escrita historia es,
en última instancia, una metáfora del exilio interno
de muchos seres humanos o, dicho en otra forma, la imposibilidad
de la transformación individual a partir de hechos que
les suceden a los demás.
Pablo responde a un aviso para contribuir a los gastos del tramo
Madrid-Barcelona en una van, junto a seis jóvenes. Al
poco rato, el desvalido chileno se informa de que todos ellos
- Camacho, Fiona, Sara, Raúl, Lara, Florencia- han estado
clínicamente muertos, sea porque sobrevivieron a intentos
de suicidio, sea porque volvieron a respirar después
de haber permanecido un lapso en calidad de difuntos.
Se dirigen a un congreso donde oirán y relatarán
vivencias parecidas a las suyas. La sospecha se aloja de inmediato
en la mente de nuestro héroe. ¿Se conocían
de antemano estos zombis y, de ser así, suponían
que él también fue, por minutos, un finado? La
intranquilidad se disipa enseguida. Los compañeros de
ruta actúan con sorprendente naturalidad, nadie juzga
a nadie, ninguno moraliza ni cae en el juego de hacer filosofía
a raíz de las situaciones límite que pasaron.
|
|
|
|