Notas
de prensa (2/2)
Marcha... fluye con la espontaneidad de una conversación
y la autora se luce en el registro idiomático. Sin
descender a la jerga o a los giros fáciles, Poblete
reproduce con fidelidad los visos del español usado
en Colombia, en Argentina, en México, en la península.
El resultado es de un virtuosismo admirable, pues son contadas
las ficciones recientes tan sencillas, directas y sin pedantería
como ésta, aunque sea, a la vez, una obra llena de
imaginación e ideas originales. El otro rasgo destacado
es la creación de caracteres.
Frente al desafío de exponernos biografías de
la media docena de resucitados u optar por el boceto, la escritora
prefirió la última alternativa. Sin embargo,
es preciso calificar su elección. Fuera de Pablo, quien
articula la trama en primera persona, sus amigos están
desarrollados según las necesidades del texto y de
acuerdo a la acción. Así, nosotros mismos, los
lectores, tenemos que pensar cómo son Camacho, Sara,
Fiona y el resto por lo que dicen, los gestos que hacen o
por las escuetas reflexiones del narrador. Es difícil,
entonces, seguir Marcha... sin el placer de pensar que es
el propio leyente quien está concibiendo a los personajes.
A pesar de que el libro se acerca de modo peligroso al guión
cinematográfico o a la nouvelle, la prosa segura, el
ritmo veloz de Poblete convierten a este tomo en una notable
narración inaugural. "Una de las muchas cosas
que me gustan de este país es la facilidad con que
la gente te cuenta sus asuntos. En los bares, a la salida
de los cines, en los parques, en los autobuses; en todos lados
hay gente contándole su vida a desconocidos, en todos
lados hay desconocidos dispuestos a deslizarse en las vidas
ajenas en lo que dura una caña de cerveza". Es
comprensible que Pablo desee a toda costa quedarse allá,
sin sentir ese "mareo que sube por la garganta",
esa "sutil impotencia de tener que partir antes de tiempo,
sin saber tampoco cuándo es el momento adecuado para
volver a hacer las maletas".
Camilo Marks
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