Mis memorias, ¿Por qué no?
José Zabala de la Fuente
 
Prólogo    (1/2)

Una parte no menor de estas memorias toca muy de cerca el poder. Son testimonios sugerentes de Presidentes de la República, cardenales, ministros mitológicos -‘‘Ruca’’ Vergara...el ‘‘enano gruñón de Blanca Nieves’’-, guerrilleros con el pedigree del ‘‘Che’’ Guevara, omnipotentes interventores, empresarios y políticos connotados. Sin embargo, paradójicamente, el espíritu de los recuerdos va por la vereda opuesta a la lógica del poder. José Zabala se detiene en los gestos, en el carácter de las personas. Es un retratista eficaz de los climas internos que completan una visión más real de los acontecimientos recientes. Sus reminiscencias interesan y entretienen. Y nadie podría acusarlo de exhibicionismo o de espíritu de lucro, lo que no es poco, al mirar a algunos memorialistas actuales.

Escasamente amarrada con esquemas cronológicos o de otro tipo, la narración sigue el hilo vital del autor; literalmente a su santo gusto. Y así desfilan una inacabable variedad de percepciones, trastelones y momentos inesperados del último medio siglo chileno. Hasta el final, no sabemos bien con qué nos vamos a encontrar. Por cierto, no llama mucho la atención que estén personajes carismáticos como José Piñera Carvallo o Víctor García Garzena, pero igual cenamos al lado de una estrella de Hollywood, sentimos el gesto de Kennedy de fumar un gran puro en la gala para Chile, o bien compartimos las peripecias de un viejo sindicalista con la ‘‘L’’ en el pasaporte.

La curiosidad no decrece, más en la medida que pierde importancia aquello que el mundo tiene por decisivo, y ganan interés los detalles: las insólitas rabietas de los mandatarios ‘‘en vivo y en directo’’, los desplantes contra la burocracia -magnífica, la compra de helicópteros para atajar el Riñihue-, y, en suma, lo que hace de la vida algo implanificable, diverso y hermoso.

Zabala cuenta las cosas sin un ápice de vanidad. Quiere convencernos incluso que nunca hubo mérito suyo para estar ahí, en situaciones interesantes y a veces únicas. Aunque no he tenido ocasión de leer su currículum, sospecho que aislado de estas memorias -en las que se dibuja la mano de la Providencia- tan utilitario documento debe ser un puzzle bien enigmático. Porque, ¡qué insólita variedad de oficios, tareas y responsabilidades! ¡Cuántas ‘‘gerencias’’, y cual de todas más delicada! Al final, el ámbito es lo de menos: Zabala funciona igual de bien, a camiseta puesta, en la empresa privada, la administración pública o a la cabeza del Hogar de Cristo.


 
 
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