Gabriela Mistral. 50 prosas en El Mercurio
Floridor Pérez
 
Prólogo    (1/5)

1. Un patrimonio
Desde los quince años y hasta meses antes de su muerte, Gabriela Mistral escribió en la prensa regional, nacional y extranjera. Ya en 1913 —un año antes de los Juegos florales que la harían conocida en Chile— Rubén Darío la publicaba en la revista Elegancias, que dirigía en París, declarando que “sus versos y su prosa son de un mérito igual”.

Durante medio siglo se fue acumulando así un conjunto dispar, abundante y variado al que hoy se designa con la expresión tan amplia como poco específica, prosa mistraliana. Estimulada y conservada primordialmente por el periodismo chileno —pequeñas y grandes publicaciones de norte a sur— esa prosa representa un valioso patrimonio, del que las páginas de El Mercurio han sido su depositario más constante en el tiempo y significativo en volumen.

En efecto: el primer cómputo de su prosa lo realizó el padre Alfonso Escudero en 1950 (1), “cuando Gabriela Mistral comenzaba a pensar en una recopilación seleccionada”, cuenta él. Siete años después, y a pesar de haber eliminado las entrevistas, sus fichas aumentan a quinientos cincuenta textos (2). Trescientos diez de ellos ¡casi el 60%! aparecieron en las páginas de El Mercurio, entre 1921 y 1956.

Aprovechando el interés editorial despertado por su muerte, Escudero inicia también la publicación de su prosa, con una selección certeramente titulada Recados contando a Chile (3). Entre los cuarenta y cinco “recados” seleccionados hay varios hoy considerados clásicos, que el lector hallará en este libro.

 
 
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