Prólogo
Existe consenso en que Chile debe dar el próximo paso. Los informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los rankings del World Economic Forum y los editoriales de periódicos financieros internacionales indican que si el país no avanza en los temas relacionados a una economía del conocimiento, corre el riesgo de perder la ventaja que ha ganado en estas últimas décadas. El tema está siendo analizado en muchos foros de diferente orden, pero generalmente en forma parcial. El problema es que el cambio que el país requiere no es simple; es sistémico. Involucra muchas áreas diversas, entrelazadas entre sí. Como no existe una comprensión general y detallada sobre los factores involucrados y de cómo ellos interactúan, las conversaciones que logran articularse en el país suelen ser parciales o se quedan sólo en titulares.
Este ensayo se gestó a propósito de un viaje a la India organizado por la Fundación País Digital a fines de octubre del año 2007. Los autores pudieron ver en forma directa a miles de profesionales indios —ingenieros civiles, ingenieros comerciales, abogados y contadores— realizando delicadas y complejas labores para empresas norteamericanas y europeas. Estos profesionales —todos con títulos universitarios y que dominan el inglés— empiezan ganando unos doscientos cincuenta dólares al mes, es decir, la mitad del salario ético que se discute para trabajadores no calificados chilenos.
La nueva forma de organización de las empresas encuentra en India el ejemplo más representativo en el que ya no existe solamente la importación y exportación de bienes, sino que se pueden subcontratar procesos enteros de una empresa o de una industria en países con menores costos. Los sistemas de agregación de valor han cambiado fuertemente, y la antigua noción de empresa se ha desdibujado. No sólo se importan partes y piezas, sino que procesos enteros de investigación, de desarrollo, de administración se externalizan en diversas naciones. Las consecuencias son temibles, puesto que los países en que los salarios de los trabajadores no estén alineados con su productividad pueden perder cientos de miles de empleos.
El juego será distinto, se necesitará mucha gente bien preparada para actuar en una economía global. No será fácil competir con equipos profesionales de India, China y otros países de cientos de millones de habitantes que se han estado preparando desde hace años para capturar estas oportunidades de nuevos servicios. El desafío de Chile es buscar su nicho en este nuevo mapa económico mundial. Para eso debemos actuar con lucidez y con un sentido de urgencia al que no estamos acostumbrados. Este ensayo pretende aportar al análisis, poniendo en perspectiva los diversos elementos involucrados en estructurar una economía del conocimiento, las interrelaciones entre ellos, sus complejidades, la necesaria preparación de recursos humanos y la urgencia de actuar rápida y coordinadamente.
Los autores de este ensayo, cada uno por su propio camino, hemos estado ligados a estos temas. Evelyn Matthei Fornet accedió a una educación de calidad gracias a una beca en el Colegio Alemán. Estudió ingeniería comercial en la Universidad Católica, siendo la mejor egresada de su promoción. Ahí conoció y trabajó con muchos de los que diseñaron e implementaron el modelo económico en el gobierno militar, y después de un breve paso por la empresa privada decidió dedicarse al servicio público. Hoy es senadora por la Cuarta Región, en su cuarto período como parlamentaria. Es conocida por su rigurosidad en temas económicos y como defensora de la probidad en el uso de los recursos públicos. Las experiencias vividas en el viaje a la India la convencieron acerca de la urgencia de adoptar las políticas públicas que permitan preparar a Chile para la nueva etapa que implica una economía basada en el conocimiento.
Fernando Prieto Domínguez es ingeniero civil de la Universidad Santa María. Como primera generación en la universidad, debió aprender temprano el significado de la palabra meritocracia. Ha trabajado más de veinticinco años en temas de tecnologías de información. Empresario y ejecutivo con responsabilidades regionales en empresas multinacionales, ha sido presidente de Oracle de México, y luego vicepresidente de la región sur de Oracle Latinoamérica. Además, es socio y director de dos empresas de biotecnología, que mantienen sedes en distintos países para la realización de sus diversos procesos que se coordinan desde Chile. A raíz de su conocimiento sobre temas tecnológicos y consciente del impacto de las tecnologías en el desarrollo de los países, ha participado en organizaciones gremiales de tecnologías de información como presidente de la ACTI en Chile y vicepresidente de la AMITI en México. Ha sido, en los últimos tres años, presidente de la Red de Inversionistas Ángeles Southern Angels, la más antigua de Latinoamérica, apoyando la creación de nuevas empresas dinámicas de alto valor agregado.
Con su experiencia en negocios internacionales de tecnologías de información y de biotecnología, Fernando Prieto siente que el país no puede darse el lujo de seguir postergando los pasos que debemos dar hacia esta nueva forma de estructurar nuestra economía. Para la realización de este libro hemos recibido el aporte generoso de distinguidos profesionales. Entre ellos destaca Sergio Spöerer Herrera, Doctor en Sociología por L'École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y hoy profesor-investigador del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, donde dirige el Programa de Habilidades Directivas. También nos ha aportado su visión el Dr. Pedro Hepp Kuschel, quien siendo uno de los doctores en informática más reconocido en Chile, ha dedicado su vida a la educación, diseñando e implementando, entre muchos otros logros, el proyecto Enlaces. Agradecemos también a Andrea Brandes, empresaria que ha compartido con nosotros muchas de sus agudas reflexiones sobre estos desafíos, y a Gastón Galleguillos Burgos, Master of Science de la Universidad de Grenoble, experto en temas de emprendimiento.
Los autores y los colaboradores mencionados tenemos, ciertamente, pasados y visiones distintas en relación a variados temas políticos y económicos. El hecho de que todos hemos vivido fuera del país durante algunos años y conocido otras experiencias probablemente facilitó una conversación interesante. Ahí constatamos que al hablar de temas del pasado probablemente discrepamos. Si hablamos, en cambio, de futuro, del tipo de país que soñamos, son muchas las coincidencias. Las barreras ideológicas y políticas que nos pueden haber separado en el pasado no tienen sentido alguno respecto de lo que se debe hacer de cara al futuro. Nos une fuertemente la urgencia de poner en la discusión contingente los temas que posibilitarán que el país avance en la senda de una economía del conocimiento, otorgando mayor crecimiento y ese ansiado aumento de equidad entre sus ciudadanos.
Los autores
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